sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulos XVII-XVIII

Capítulo XVII

Isabel se acercaba hacia nosotros con mucha furia, tanta, que hasta su cara se desfiguraba a cada paso que daba ella. Estaba decidida a gritar, golpear y humillarnos a ambos, planeaba ya en su mente macabra lo que diría y haría, pensó que esta sería la ocasión perfecta para delatarme a Axayácatl y a mí sobre lo que tratábamos de esconder ambos; así como también podría finalmente decirle a su hermano que se había dado cuenta de lo que él sentía hacia mí. Sí, finalmente Isabel había tejido la ocasión ideal para acabar con todo de una vez por todas; sin embargo, al tiempo que ya estaba a la altura de la puerta de su casa para seguir con su camino y llegar con nosotros, fue su desgracia el que Renata abriera la puerta de la casa, impidiendo que Isabel pudiera continuar con su plan de llegar con nosotros.

    - Ay, hija, perdona, no te vi. Isabel, voy rápido a comprar algo que se me olvidó para hacer el postre. En la casa ya está la comida lista, ¿te puedo pedir de favor si recoges la mesa?, es que tu hermano, su amigo y yo hemos terminado de comer y no me ha dado tiempo para levantar. Trataré de no tardarme, ¡vuelvo en seguida!- dijo Renata apurada y posteriormente se fue.

    - ¿¡Pero qué coño!?- dijo Isabel con cara de asombro, frustración, enojo y coraje al ver su plan ofuscado, pues cuando su mamá se fue, notó que Jérémy y yo ya no estábamos en la calle-. ¡Me lleva el carajo!, ino puede ser que se me hayan ido así de fácil esos malditos!, ¡estuve tan a punto de acabar con todo esta mugrosa y pecadora historia! – exclamó Isabel totalmente enojada, pues había perdido su valiosa oportunidad, una que tal vez no podría repetirse; o tal vez sí.

    Así fue como terminó mi visita a la casa de Jérémy, tan dulce y alejada de incovenientes, que estuvieron a nada de pasar; sin embargo, lector, si has de recordar lo que al mismo tiempo pasaba en el momento en que yo recién llegaba a casa de Jérémy, podrás darte cuenta que falta esclarecer lo que le pasó a uno de nuestros más importantes personajes. Así, por tanto, vayamos pues a la casa de Axayácatl, en donde Francisco y Rogelio justo terminaban su acto vil de violación.

    Ahí, en el cuarto de Axayácatl, Francisco y Rogelio dejaban a su pobre víctima totalmente golpeado de todos lados y desnudo en su cama sin poderse mover debido a las heridas de su cuerpo.

    - Estuvo muy bueno Axayácatl- decía Francisco mientras se levantaba de la cama.

    - Vaya que sí indito, y eso que no veníamos con la intención de algo; pero mira, terminaste por darnos tanto placer – apuntó también Rogelio, con tono sumamente irónico y de burla.

    Ambos entonces comenzaron a reírse descaradamente por su acto recién cometido, Axayácatl sólo los veía con una mirada difícil de describir, entre de coraje pero a la vez de no poder fijar sus pupilas en ellos a causa de todo el dolor que sentía en su cuerpo. Finalmente Francisco y Rogelio terminaron de vestirse y se salieron del cuarto.

    - No puede ser, aquí vienen los dos- exclamó Xochimitl con mucho temor.

    - Pues ya está Xochimitl, ahí te dejamos al imbécil de tu hijo en su cuarto, te recomiendo que no lo muevas demasiado- dijo Francisco al tiempo que se acercaba a la puerta.

    - Sí- añadió Rogelio, quien se acercó a Xochimitl-; y si me quedan energías, regreso por usted doñita.- él tocó de forma morbosa a la mujer.

    - Maldito cerdo- murmuró ella.

    - ¿¡Qué dice!?- enojado dijo Rogelio al escuchar las palabras de la mamá de Axayácatl.

    - ¡Rogelio, déjate de mamadas y ya vámonos de aquí!- ordenó Francisco a lo lejos.

    Rogelio, al escuchar las órdenes de su superior, se contuvo las ganas de golpear a Xochimitl por lo que ella dijo, así que enojado se acercó con Francisco a la puerta y finalmente ambos se salieron de la casa. Inmediatamente después de que ambos se fueron, Xochimitl corrió al cuarto de su hijo para ver cómo se encontraba éste. Al entrar, vio el terrible estado en el que estaba Axayácatl.

    Xochimitl se acercó rápidamente a Axayácatl para abrazarlo. Al llegar con él, lloró y le pidió disculpas por permitir que Francisco y Rogelio le hicieran eso, Axayácatl no podía hablar debido a sus heridas, pero respondió a su madre con sus lágrimas tan puras e inocentes; misma inocencia que ya había perdido él desde muchos años atrás.

    La madre bajó cuidadosamente a su hijo a la sala, lo sentó en un sillón y la mujer se puso a lado para curarle las heridas con las mismas hierbas que Axayácatl utilizó de forma oculta cuando Francisco y Rogelio lo habían golpeado días antes. Axayácatl expresaba que le ardían las heridas cuando trataba de curarlas su mamá, pero no tenía otra opción que aguantarse. Mientras Xochimitl resolvía las heridas del cuerpo de Axayácatl, expresó ella lo siguiente:

    - Pero mira nada más cómo te dejaron estos dos demonios.- decía Xochimitl mientras curaba a su hijo. Axayácatl sólo veía fijamente al suelo; al notar Xochimitl la gran tristeza que embargaba a su hijo, ella continuó-. Escucha hijo, cuando tu padre y yo estemos muertos, el contrato que firmamos él y yo ya no tendrá validez, y por tanto tú y tu hermana podrán ser libres de este dolor que les han causado estos dos imbéciles. –Axayácatl, al escuchar esto, comenzó a llorar-. Hijo, no tienes idea de lo cuánto que me duele el que te hagan esto, créeme que haría lo posible porque ya no sufrieras de este modo, pero si nos oponemos a Francisco y a Rogelio, tu padre y yo iremos a la cárcel y nos irá peor a todos.

    Axayácatl no quitaba esa expresión pusilánime de su rostro, pues lo que acababa de vivir realmente era algo que había dejado a su corazón pálido y seco de emociones; pues, aunque ya antes Francisco y Rogelio habían abusado de él, nunca antes lo habían hecho con tanta violencia como lo habían realizado en este momento.

    - Es que… - con un tono entrecortado trató de decir él- ¡Es que a mí no me molesta tanto que ellos me hagan esto!- finalmente dijo enojado Axayácatl mientras se secaba lágrimas de los ojos. Xochimitl quedó sorprendida-; ¡lo que me molesta es que todos tengamos esta vida!, ¡ya no soporto que no podamos vivir como una familia tranquila!; ningún humano merece esta existencia- Axayácatl aventó con su pie uno de los pequeños sillones que estaban enfrente de él.

    - ¡Hijo, tranquilízate!- su mamá se paró y se puso enfrente de él-. Mira, yo también desearía cambiar las cosas, yo daría lo que fuera porque tu vida no fuera de este modo, pero sabes que tu papá trabaja en el campo, y que desde el Estado de México viene a dar el poco dinero que gana; que yo a veces voy a hacer la limpieza de algunas casas, y que juntos no tenemos grandes ingresos. Con el dinero de Francisco es con lo que hemos podido tener esta casa, que tú estudies, que tu hermana se encuentre en otra parte del país; si acaso hacemos algo contra ellos, todo eso lo perderemos.

    - Sí, lo sé, ahora me doy cuenta que el precio de nuestra vida es grande madre. Cuando era más pequeño no lo entendía, pero ahora que he llegado a este punto de mi edad, y que he conocido gente nueva, me doy cuenta que nuestras vidas jamás podrán ser normales. -Axayácatl abrazó a su mamá al mencionar estas últimas palabras.

    Su madre tan sólo suspiró mientras tenía en su regazo a su hijo, entonces ella exclamó:

    - La vida de nadie es normal hijo, sin embargo, nuestra familia nunca tuvo la fortuna de poder sonreír en cualquier circunstancia de la vida. En este país quien nace en la pobreza, muere en la pobreza. – la madre entonces hizo una pausa y segundos después expresó-. Yo creo que el lunes no vas a la escuela hijo, mira nada más cómo te dejaron- separándose de él, su madre le indicó.

    - Está bien, muchas gracias por curarme.- sonrió Axayácatl.

    - Canijo, has de estar bien contento porque no irás a la escuela el lunes ¿verdad?- ambos comenzaron a reír por ello, como una forma de olvidar lo que había pasado, pues dentro de ellos sabían que sí, que lo que había dicho Xochimitl era cierto: quienes nacen pobres mueren pobres; y por tanto ellos no podían hacer nada para quitar las cadenas que tenían de Francisco y Rogelio. Lo mejor para ellos era continuar con su vida y su familia, pese a las crueldades que vivían.

    Ese día el padre de Axayácatl no llegó a su casa porque se quedó trabajando en el campo, por lo que él no se dio cuenta de las heridas que tenía su hijo; eso fue algo que tranquilizó a Axayácatl y a Xochimitl, pues sabían cómo era el carácter del hombre, ya que él también ya estaba harto del yugo de Francisco, así que cualquier cosa en contra de su familia haría que el padre quisiera matar a Francisco.

    Pasó el domingo sin ningún hecho relevante en esta historia, y a la mañana del lunes Axayácatl se levantó tranquilo y trató de olvidar lo del sábado, pero no, para él no habría descanso en los próximos días de su vida; porque de pronto, el celular que le había dado Francisco para que tomara las fotos, comenzó a sonar de forma inesperada.

    Axayácatl comenzó a buscar el teléfono y cuando lo encontró de inmediato contestó:

    - ¿Bueno?- dijo Axayácatl.

    - Vaya, sobreviviste… - exclamó una voz al otro lado del teléfono.

    - ¿Francisco? – preguntó Axayácatl, aún dudoso de la voz.

    - Sí, soy yo, Francisco. Axayácatl, debo decirte que Rogelio y yo hemos pensado que ya estamos hasta la puta madre de cogerte, ya nos aburriste. Queremos que para el viernes nos tengas a uno de tus compañeritos para violarlo; si no lo consigues, te vamos a matar de un puto plomazo cabrón- entonces colgó Francisco…

Capítulo XVIII

Qué llamada tan más cruel, apenas el pobre Axayácatl acababa de vivir uno de sus momentos más duros y frustrantes de su vida, cuando ahora Francisco le daba un mensaje de muerte defnitiva, uno que nunca antes le había dado a Axayácatl.

    Inmediatamente después de que terminó la llamada, Axayácatl fue con su madre para avisarle lo que había pasado, él le explicó lo que Francisco había advertido, por lo que Xochimitl quedó completamente petrificada de miedo, no sabía qué pensar o qué hacer, era demasiado riesgoso cualquier movimiento.

    -¿Ahora qué haremos hijo?- expresó Xochimitl preocupada.

    - Tenemos que decírselo a mi papá- opinó él.

    - No, ni de broma. Tu padre se desesperaría y se enojaría mucho, tanto, que sería capaz de ir a matar a Francisco.- muy alterada dijo su madre.

    - Pero mamá, si no le informamos de esto a papá, Francisco y Rogelio serán capaces de preguntarle que cómo va el pedido que me hicieron, y si él responde que no sabe nada, ellos se enojarán y podrían matar a mi papá.- en seguida apuntó Axayácatl.

    Xochimitl, al escuchar las palabras de su hijo, se detuvo a pensar lo que se debía hacer.

    - Sí…, creo que tienes razón –expresó ella-, son tan desgraciados esos dos; mira, tu padre llegará esta noche, yo le diré sobre esto, no quiero que le digas nada si lo ves ¿entendido Axayácatl? Tú mantente alerta por si vuelven a llamar esos dos.- Xochimitl le ordenó a su hijo.

    - Está bien mamá, no le diré nada. Esperemos que Francisco no venga para acá.- con mucho temor contestó Axayácatl.

    Por otra parte, en la escuela, aunque yo estaba sumamente feliz por lo que había vivido días antes con Jérémy, y aunque el verlo hoy fuera ocasión para que mi corazón latiera y al mismo tiempo se apenara por esas sonrisas que me daba; por otra parte, la ausencia de Axayácatl me preocupaba demasiado, no lo consideraba normal. Justamente Lizeth se encontraba a mi lado cuando yo pensaba todo esto, y aunque quería externarle mi preocupación, no podía hacerlo por completo, pues ella podría sospechar algo acerca del problema que Axayácatl me pidió no le dijera a nadie. Cuando ambos estábamos hablando sobre un trabajo de Historia, Jérémy se acercó.

    - Hola chicos, ¿cómo están los dos?, ¿se puede saber de qué hablan?- preguntó Jérémy interesado.

    - Hola Jérémy, estamos bien; Lizeth y yo hablábamos del trabajo de Historia que ya es para pronto, ¿ya lo acabaron los de tu equipo?- le respondí muy feliz a Jérémy.

    - No, bueno, según hoy nos reuniremos para empezar el trabajo.- en seguida comentó Jérémy.

    -  Vaya, están igual que nosotros dos. Clemente y yo también nos reuniremos hoy para acabarlo, en verdad está un poco difícil – añadió Lizeth.

    - Sí, es un tanto laborioso; ojalá lo terminemos pronto- dije yo.

    - Sí, que me tiene un tanto atareado ese trabajo. – dijo Jérémy.

    Cuando estábamos platicando sobre ello, llegó la maestra de Química, por lo que nos fuimos a nuestros respectivos asientos; yo entonces miraba muy extrañado el asiento vacío de Axayácatl, algo dentro de mí sabía que las cosas con él no estaban bien; y realmente mis pensamientos estaban en lo correcto, pues quién pensaría que justo afuera de la escuela estarían Francisco y Rogelio. Ellos se encontraban adentro de una camioneta muy grande y de color negro, estaban en el estacionamiento exterior de la escuela.

    - ¿Por qué has tomado la decisión de matar al mugriento de Axayácatl?- preguntó Rogelio a Francisco.

    - El estúpido está creciendo, sé que llegará el momento en que un papel no sea suficiente para mantenerlo bajo control a él y a su familia- respondió Francisco.

    - ¿En serio puede ser peligroso un indio ignorante? – extrañado apuntó Rogelio.

    - Aunque en nuestros planes esté no dejar que llegue a la Universidad, por otra parte, a lo largo de su vida puede aprender cosas que hagan que sus actitudes ya no sean tan ignorantes como tú crees. Él puede revelarse en cualquier momento.

    - Vaya, no lo había pensado así compañero, ese mocoso puede ser peligroso en el futuro; pero dime ¿qué haremos con sus padres?- interesado volvió a preguntar Rogelio.

    - Cuando matemos a escondidas a Axayácatl, nos deshacemos de los indios de su familia inmediatamente. Después nos regresamos al campo a buscar a otro pobretón que necesite de ayuda, al fin que hay muchos en este estúpido país.- respondió Francisco muy seguro de su plan.

    - ¿Entonces aunque Axayácatl traiga a uno de sus compañeros para el viernes, tú lo vas a…?

    - Matar – completó la frase Francisco-; piensas muy bien Rogelio.

    Mientras ellos hablaban sobre estos asuntos, Isabel, otro ser perverso e igual de infame, adentro de la escuela y en plena clase todavía seguía pensando acerca de lo que había pasado ayer cuando me vio a lado de Jérémy por su casa.

    - <<Maltido, maldito, maldito seas Clemente; no puedo creer que en mis narices hayas estado justo a lado de mi hermano y por mi casa, ¿con qué derecho te crees para envolver en tus gustos pecaminosos el corazón de mi hermano?, yo soy la única que puede tener el cuerpo y el alma de mi hermano bajo mi poder. Ahora veo que ese estúpido de Jérémy se dejó doblegar por otros asuntos en España y más aquí, pero no, no lo permitiré, yo seré la encargada de acabar con todos esos intereses que tiene él, aquí acabaré con esos que tratan de corromperte todavía más hermano. Y mientras hago eso, yo también me divertiré un poco con los pobretones de esta secundaria mugrienta, al fin que yo tengo la verdad y el verdadero gusto que Dios le dio a los humanos. Hoy será un buen día a lado de Nestor>>.

    Así, finalmente, llegó la hora de la salida para todos, Isabel había salido casi al mismo tiempo que Jérémy, por lo que fue con él y le preguntó:

    - Hermano, siempre sí os irás con los de tu salón ¿verdad?- con tono misterioso, dijo Isabel.

    - Ya te había dicho que sí Isabel, ¿por qué muestras tanta insistencia?- dijo Jérémy extrañado.

    - Por nada, sólo quería saber cuánto tiempo iba a estar sin tu fastidiosa presencia, ¿a qué hora llegarás a casa?-.

    - Pero qué chistosita resultas ser con tus comentarios Isabel; te repito que llegaré a las 5 de la tarde, y ya no te responderé más preguntas- respondió Jérémy enojado.

    - Perfecto, que te diviertas entonces con tus amiguitos. Adiós, tonto- finalmente se fue Isabel.

    Así fue como Isabel se fue de la escuela rumbo a su casa, con esas preguntas que demostraban que ella le ocultaba algo a su hermano; sin embargo, la verdadera amenaza, por ese momento, no era Isabel como tal, pues todavía Francisco y Rogelio se encontraban en el estacionamiento de la secundaria.

    Jérémy, después de que se fue su hermana, caminó un poco a la esquina contraria a la Avenida Central, osea, justamente hacia donde estaba el carro de Francisco. Jérémy esperaba a que Josef reuniera a todos los de su equipo de trabajo para entonces irse con ellos.

    Mientras tanto Francisco y Rogelio esperaban a ver a Axayácatl.

    - ¿Por qué carajo no sale el puto de Axayácatl? – preguntó enojado Francisco.

    - Ya se tardó compadre, yo creo que el muy collón no vino a la escuela, después de los madrazos que le dimos el sábado yo creo que todavía no se recupera – respondió Rogelio.

    - Yo creo que sí es así, pinche pendejo; entonces cuando Axayácatl contestó la llamada, seguramente estaba en su casa.

    Rogelio asentó con la cabeza para expresar que estaba de acuerdo con su compañero; entonces, cuando él volteó la cabeza para ver por su ventana a los alumnos que iban pasando por a lado de su carro, se percató que casi enfrente de ellos estaba Jérémy solo.

    - ¡Amigo!, ¿ya viste quién está allá solo?- dijo emocionado Rogelio.

    Francisco rápidamente volteó para ver de quién se trataba.

    - ¡Pero si es Jérémy! – con sonrisa maliciosa dijo Francisco.

    - Y está solo, ¿por qué no aprovechamos esta ocasión para acercarnos a él?- sugirió Rogelio.

    - Me parece buena idea- Francisco entonces prendió la camioneta y se acercó  a donde estaba Jérémy.

    Mientras tanto, justamente cuando esto ocurría cerca de la escuela, yo, por otro lado, ya estaba subiendo las escaleras del Metro para pasar al otro lado de la avenida, cuando de pronto sonó mi celular. Al ver que era un número que no tenía registrado me extrañé, por lo que contesté rápidamente.

    - ¿Sí?- contesté.


    - ¡Clemente, soy yo, Axayácatl. Necesito hablar urgentemente contigo!- expresó Axayácatl con voz agitada…

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