Capítulo XIII
Había
llegado el último día de la semana, viernes, día en que nos toca estar en
talleres en las tres últimas horas de clases. Axayácatl había elegido el taller
de Diseño, en el cual estaban Josef y Nestor; Jérémy había seleccionado Artes
Plásticas, en donde estaba Lizeth; por su parte, Isabel decidió tomar el taller
de Belleza. En lo que correspondía a mí, había seleccionado el taller de
Taquimecanografía desde el primer año de secundaria, conmigo se encontraba
Angélica.
Todos
estábamos en nuestros respectivos talleres, a excepción de Axayácatl, quien
caminaba por el patio, esto porque su maestro todavía no había llegado.
- No
sé qué voy a hacer- se decía Axayácatl mientras cruzaba por el patio-, si no
consigo las fotos, Francisco y Rogelio realmente me matarán. No hay excusa alguna
para no conseguirles lo que me pidieron, pero realmente estoy muy nervioso,
¿cómo es que puedo tomarles las fotos a esas personas que ellos quieren?; sí,
no me queda de otra que hacerlo a escondidas, pero tengo mucho miedo a que mis
compañeros se den cuenta que les estoy tomando fotos, pues si es así, todo se
acabará para mí.
En ese momento, Axayácatl notó que sus
compañeros de Diseño se habían puesto a jugar fútbol en lo que llegaba su
profesor de taller. Como estaba haciendo mucho calor, dos de ellos se quitaron
la camisa, estos fueron Josef y Nestor.
- ¡Perfecto!- con emoción dijo Axayácatl-, creo
que podré sacar ventaja de esto que han hecho; aunque no se encuentre Jérémy
entre ellos, seguramente Francisco y Rogelio se conformarán y me podrán dar más
tiempo para fotografiar a Jérémy.
Axayácatl, entonces, se acercó al asta
bandera, misma que está justo enfrente de las canchas de fútbol. Como no sabía
manejar un celular con cámara, tardó en lograr obtener una imagen; para
obtenerlas, tenía que alzar lo mejor posible el teléfono y así lograr tomar una
foto. Quería tomar más de Nestor que de Josef, pues no quería perjudicar a su
amigo Josef.
- No quiero llevarles fotos de mis amigos;
en realidad de nadie, pero siento que traicionaría fuertemente a aquellos que
me han hecho sentir feliz en la escuela, como Josef, por eso mismo tendré que
llevar la mayoría de Nestor.- decía mientras tomaba las fotos poco a poco.
En el momento en que Axayácatl se acababa
la mitad de la memoria del teléfono por tomar muchas fotos, Nestor, desde
lejos, se dio cuenta de lo que Axayácatl hacía con el celular, aspecto que le
pareció sumamente extraño y por lo que decidió detener el partido. Nestor
entonces se puso su camisa y sin decir nada más, se dirigió hacia Axayácatl.
- ¿Pero qué pasa con Nestor?, el juego iba
muy bien- comentó Josef.
Cuando Axayácatl vio que Nestor se acercaba
enojado hacia él, se puso muy nervioso, la mano le empezó a temblar con el
celular, por un momento pensó que Nestor se daría cuenta de todo y que lo
divulgaría entre la escuela, lo cual provocaría el enojo de Francisco.
- Ese pinche indio hizo algo con ese
celular, no sé qué carajo era, pero está muy raro que él, que siempre se la
pasa jugando fútbol con los de su grupo, ahora no lo haya hecho por estar con
un celular justo enfrente de las canchas; además, dudo mucho que ese teléfono
sea de él, igual y se lo robó a alguien. –dijo Nestor cuando ya estaba a punto
de llegar con Axayácatl.
Axayácatl, quien se encontraba totalmente
congelado por la forma en que Nestor se acercaba a él, no podía moverse de
lugar o hacer algo para impedir que Nestor llegara a él, puesto que eso se
vería muchísimo más sospechoso y haría estallar aún más el enojo de su
compañero; sólo le quedaba a Axayácatl fingir muy bien para no arruinar todo.
- Oye wey
¿qué crees que estás haciendo con ese celular?- Nestor se puso enfrente de
Axayácatl, pero Axayácatl no respondió a lo que Nestor preguntó.-, dame ese
maldito celular ahora mismo- dijo Nestor enojado.
- Yo… yo… ¡yo no hacía nada especial con el
celular!, tan sólo veía sus opciones- expresó de inmediato Axayácatl para no
entregar el teléfono.
- ¿A sí?, ¿tan sólo veías las opciones del celular?...
bien, y dime, si es así, ¿de dónde sacaste ese teléfono tan bueno, eh indito? –
muy cínico comentó Nestor.
Axayácatl fácilmente se enojaba, con justa
razón, cuando le insultaban con esos adjetivos que utilizaban sus compañeros de
manera despectiva hacia su persona; sin embargo, le era imposible contestarle
mal a Nestor en ese momento, puesto que haría que él le quitara el celular a la
fuerza.
- Este celular es mío y no te lo voy a dar
Nestor.- muy controlado, contestó Axayácatl ante el insulto de Nestor.
- Mira asqueroso indio, yo sé que ese
maldito celular no es tuyo y que estabas haciendo algo con él, estabas como
tomando fotos o vídeo del juego; no sé para qué lo hacías, pero me caga que la
gente tome ese tipo de cosas con mi persona sin mi autorización. – más enojado
dijo Nestor.
- ¡Nestor, ya deja a Axayácatl!- gritó Josef
desde lejos, pero Nestor no le hacía caso.
- Tu vanidad no prohíbe que yo haga lo que
quiera con mi teléfono; además, ni que fueras Dios para que nadie te pueda ver –
respondió Axayácatl muy enojado.
Nestor, en cuanto escuchó esto, se
enfureció bastante hasta ponerse muy rojo de la cara, estaba a punto de darle
un golpe a Axayácatl y quitarle el celular, cuando en ese momento Josef, quien
ya también se había puesto la camisa, llegó con ellos.
- ¿Se puede saber qué sucede aquí? –
exclamó de inmediato Josef.
- Axayácatl oculta algo en ese teléfono- indicó
Nestor igual de molesto.
- Nestor, es sólo un maldito celular, ya
déjalo y vamos a jugar- tomando como estúpido el comentario de Nestor, Josef le
pidió.
- No, yo sé que algo trama este wey- insistía Nestor.
- Cabrón, ya déjate de mamadas y vamos a
jugar; además, es el celular de Axayácatl y él puede hacer lo que quiera con él-
Josef habló con tono fuerte.
Nestor simplemente miraba feo a Axayácatl,
pero sabía que si continuaba con el pleito, éste se haría más grande. Nestor
también tomaba en cuenta que Josef era amigo de Axayácatl, y que, evidentemente,
lo defendería.
- Pinche indio, no te vas a salir con la
tuya cabrón; no te quiero ver cerca de mí- Nestor se alejó.
- ¡Nestor!, da gracias a que estamos
adentro de la escuela, porque ya te hubiera partido la madre por lo que acabas
de decir- le dijo Josef a Nestor, quien todavía se encontraba algo cerca de
ellos.
- Ya veremos Josef. El pleito es con él, no
contigo – respondió Nestor, quien le tenía miedo a Josef porque Josef era de
los más respetados en la escuela debido a su fama de que quien se metía con él,
resultaba muy mal herido. Nestor entonces se alejó por completo.
- No le hagas caso, es un vil collón que
sólo se mete con los que cree poder-Josef le dijo a Axayácatl.
- Gracias Josef por ayudarme, no quería que
te metieras en problemas por mi culpa, realmente me siento muy apenado – dijo Axayácatl
con tono triste.
- Ey, no tienes que agradecer, me caes bien
y no voy a dejar que un ególatra como él te insulte como si nada; a mí la neta
me vale verga que me deje de hablar Nestor. – comentó Josef para tranquilizar a
Axayácatl.
- No sé qué decir, te prometo que no
volverá a pasar – Axayácatl le sonrió a Josef, quien a su vez también lo hizo y
posteriormente se fue al juego.
Axayácatl entonces se tranquilizó después
de que vio que Nestor se puso a jugar de nuevo, pensó que por un momento todo
se vendría abajo si Nestor veía la pantalla del celular y en ésta notaba la
última foto que le había tomado sin camisa; sin embargo, agradeció lo que Josef
había hecho por él. Después del incidente, Axayácatl decidió alejarse del asta
bandera para no verse más sospechoso.
Por otro lado, en el taller de Artes
plásticas en donde estaban Jérémy y Lizeth, la maestra había indicado que se
iban a juntar en dos personas para realizar una figura que era un tanto
laboriosa. La maestra seleccionó a los equipos e indicó que Jérémy estaría con
Mario, quien era del grupo de 3.-“C”.
Cuando Jérémy fue a la mesa en la cual
estaba Mario, no supo cómo empezar una conversación con él, pues Mario casi no
hablaba con nadie y por eso a Jérémy se le hacía un poco difícil socializar con
él.
- Emm… disculpa, ¿habéis traído la pintura
que nos encargó la maestra?- estas fueron las primeras palabras que Jérémy le
dirigió a Mario.
- No, por desgracia se me olvidó traerla. –
Mario contestó pusilánime.
- Ya veo, pero bueno, no te preocupes eh,
yo he traído la mía y con ella podemos trabajar muy bien tú y yo. -Jérémy sacó
de su mochila un pequeño bote de pintura.
- Vaya, qué bueno que la trajiste, perdona
que yo no lo haya hecho, pero olvidé que era para hoy.
- Bueno eso es lo de menos, compartimos y
ya está.- amablemente, y con una sonrisa, contestó Jérémy.
Mientras ellos hacían la figura, Mario no
pronunció algo más que no tuviera que ver con el trabajo que realizaban;
Jérémy, que tenía una personalidad muy expresiva, se sentía un tanto extrañado
por la actitud de Mario, de hecho no recordaba haber oído algo sobre Mario en
lo que había durado su estadía en la escuela. La maestra entonces les indicó
que sacaran la pieza al sol para que se secara, pero sin soltarla, pues podría
derretirse. Ambos hicieron lo indicado y se sentaron justo enfrente de la
puerta del taller para secar la pieza que ya casi habían acabado.
- Veo que eres un poco tímido al hablar- comentó
Jérémy muy interesado.
- Sí, creo que ya te diste cuenta- contestó
Mario mientras veía su trabajo.
- Sí, ya me he dado cuenta; dime, tú eres
de 3.-“C” ¿cierto?- preguntó Jérémy.
- Sí, soy de ese grupo, tú eres del 3.-“B”
¿no es así?
- Así es, yo estoy en ese grupo.
- Sí, lo sé, tan sólo quería corroborar
Jérémy. También sé que viniste de España y que tu hermana es Isabel. – dijo Mario
muy seguro sin mostrar algún interés o nervio por expresar estos datos sobre
Jérémy.
- Vaya, entonces sabías cómo me llamaba y
hasta el nombre de mi hermana. – sorprendido comentó Jérémy.
- Lo sé porque ustedes son los más
populares de la escuela – respondió Mario sin despegar la vista a la figura que
habían hecho él y Jérémy.
- No me agrada ni me interesa ser el más
popular; mejor dime, según entiendo tú te llamas Mario porque lo ha dicho la
maestra cuando nos indicó que hiciéramos equipo, sí te llamas así ¿verdad? –
interesado preguntó Jérémy.
- Pusiste atención. Sí, yo me llamo Mario –
Mario entonces volteó a ver a Jérémy.
Mientras ellos dos platicaban esta y otras
razones, yo había salido al baño, el cual está en el mismo pasillo que el
taller de Artes plásticas. Antes de que entrara al baño, noté desde lejos que
Jérémy estaba en la puerta de su taller y que hablaba con alguien a quien le
sonreía mucho; decidí entonces acercarme poco a poco a ellos, por lo que me
escondí en uno de los pilares del edificio para verlos un poco más de cerca.
- ¡Jérémy!- gritó la maestra de su taller.
- Vaya, pero qué grito me ha pegado la
maestra- Jérémy se levantó-; en seguida regreso Mario, veré qué desea- Jérémy entonces
entró al taller.
Cuando Jérémy entró, me asomé un poco para
ver quién era con el que hablaba, al ver que era Mario la persona de quien se
trataba, no pude evitar ponerme celoso y sentir un poco de miedo en mi
interior.
-¿Jérémy hablaba con Mario?- me dije sorprendido-,
¿pero cómo o por qué?, Mario es uno de los tipos más extraños de la escuela,
casi no habla y está por lo regular solo, ¿cómo fue que se conocieron?; me
acercaré y me haré ver, aprovecharé que Mario está solo. Ojalá que Jérémy no se
dé cuenta de esto…
Capítulo XIV
Caminaba
lentamente hacia Mario, él todavía no se daba cuenta de mi presencia, por lo
que pude ir a paso seguro mientras lo veía fijamente. Mario era de piel blanca,
su cabello era lacio y un poco castaño, tenía unos ojos bastante bonitos, era
de estatura baja, y, para muchos, tenía una sonrisa preciosa, de esas que aunque
son raras de ver, cuando aparecen, pueden enternecer hasta a los más bellos
dioses; su voz era un poco de niño aún, pero era muy dulce, tan dulce y suave
como el viento que se atreve a tocar el rostro de uno; Mario, en suma, era uno
de esos niños con características particulares que hacían de su belleza un
manto colorido que cubría todo un universo de misterio.
Finalmente llegué con él, lo observé
fríamente, al igual que él también hizo eso. Me acerqué a la puerta de su
taller, me asomé discretamente, y, posteriormente, me fui. No tuve el valor de
preguntarle a Mario por Jérémy, como era mi intención.
Unos pocos minutos después de que yo me
alejé de ahí, Jérémy salió de su taller.
- He regresado Mario, la maestra sólo me
quería preguntar de dónde había traído la pintura porque había salido muy
buena- agachándose hacia Mario, Jérémy comentó.
- Muy bien. Bueno, la figura ya está completamente
seca, creo que por fin está terminada.- añadió Mario sin prestarle mucha
atención al comentario de la pintura.
- ¡Pero qué bien!; oye, ¿fue mi
imaginación, o vi que alguien se asomó en la puerta del taller?, no pude ver
bien quién era porque la maestra me miraba fijamente.- preguntó muy intrigado
Jérémy.
- Sí, vino uno de los de tu salón, ¿cómo se
llama?...- Mario entonces trataba de recordar mi nombre-, creo que se llama
Clemente.
- ¿¡Clemente!?- expresó Jérémy mientras se
levantaba con emoción.
- Sí, ¿te agrada mucho que él venga a
buscarte?- extrañado, dijo Mario.
- ¡Oh no!, es sólo que seguro venía a darme
un cuaderno que le había prestado- disimuló Jérémy.
Mario
no preguntó ni expresó más acerca de esta emoción de Jérémy, por lo que mejor
volvieron al salón a avisar que ya habían terminado su figura. Llegó entonces
la hora de la salida y me encontraba afuera hablando con Lizeth, yo todavía
mantenía en mi mente la imagen de cómo Jérémy había hablado con Mario con una
gran sonrisa. Cuando de pronto llegó Jérémy.
- Hola amigos, ¿cómo les ha ido en el
taller?- muy emocionado expresó él.
- Bueno, yo estoy contigo, así que
seguramente viste que me fue bien ¿y a ti Jérémy?, vi que te tocó hacer equipo
con Mario y te pasaste las tres horas con él- dijo Lizeth.
- Sí, pero fue sólo por el trabajo- un tanto
nervioso por esta confesión, respondió Jérémy.
-Alguna vez me tocó hacer equipo con Mario,
casi no habla, pero cuando lo hace demuestra que es un buen chico con unos
lindos sentimientos, a mí me da mucha ternura. – dijo Lizeth con una gran
sonrisa.
- Así que de muy buenos sentimientos… –
dije con muchos celos.
- ¡Ya llegaron por mí!- interrumpió Lizeth-;
bueno, me voy amigos, que estén bien- ella se despidió y se fue.
- Yo también noté que estabas con él- agregué
a la conversación con un tono muy serio.
- Sí, Mario me avisó que fuiste al taller.-
me reveló Jérémy.
- ¿¡En serio te dijo eso!?- muy sorprendido
dije, pues no consideré que Mario pudiera decirle a Jérémy que yo lo había ido
a buscar; esto me hizo enojar por alguna extraña razón, así que traté de
disimular mi furia-; sí, fui a ver a Lizeth, pero noté que estaba ocupada y me
regresé.- dije tratando de ocultar mi verdadera intención de haber ido al
taller de Jérémy.
- ¿Pero qué tienes Clemente, por qué de pronto
cambias tu tono conmigo; acaso me vas a decir que estás celoso de Mario?- dijo
Jérémy con cierto tono de que parecía saber lo que quería despertar en mí con
ese comentario.
Aquella pregunta me había puesto a pensar
sobre ello, ¿con qué derecho y de qué me servía ponerme celoso de Mario?,
realmente Jérémy no era nada mío, y ni si quiera sabía si Mario era homosexual
como para saber sus intenciones de su plática con Jérémy. Esto me hizo
tranquilizarme y dejar de asegurar y tomar actitudes de cosas que no existían
en la realidad.
- ¿Celoso de un niño?, jamás- respondí.
-Ya decía yo; pero oye- dijo Jérémy cambiando
el gesto de su cara-, hacía mucho tiempo que quería proponerte algo.
Cuando Jérémy dijo esto, mi mirada y mi
expresión cambiaron por completo, era como si me hubiesen alejado de una
neblina que ocultaba mis sentimientos por él, pues, cuando expresó esto, mi
corazón latió rápidamente y me puse nervioso por saber qué era lo que quería
proponerme.
- ¿Proponerme algo?, ¿de qué se trata? –
todavía con sorpresa, respondí.
- Bueno, es una propuesta que espero no te
incomode, pero es que tengo ganas de pasar un fin de semana a lado de un amigo
como tú, casi como pasó ese día en que jugamos fútbol. No sé si quisieras ir a
mi casa. – él me dijo con una gran sonrisa.
- ¿¡A tu casa!?- muy sorprendido exclamé-,
pero… seguro Isabel estará ahí.
- Para nada, Isabel irá a la casa de
Angélica, ya sabes, seguro las dos víboras tramarán algo; por eso mismo es que
te he invitado.
- ¿En serio?, pues no sé qué decir Jérémy,
te agradezco que me invites a tu casa. Si Isabel no está ahí, entonces con
tranquilidad puedo decirte que acepto tu propuesta.- emocionado respondí, pues
estaba sumamente alegre con tan sólo pensar que los dos estaríamos otra vez
juntos.
- ¡Excelente!, muchas gracias por aceptar
Clemente; entonces mañana nos vemos justo aquí afuera de la escuela a las 11 de
la mañana ¿vale?- me dio un ligero golpe en el pecho-. Hasta mañana Clemente- se
fue Jérémy.
Después de que Jérémy se fue y yo tomé el
camino a casa, no pude dejar de pensar y de sentir la felicidad que me había
atrapado por esa invitación que me había hecho Jérémy. Estaba completamente
emocionado por ir a su casa, aunque, también, un poco nervioso; sin embargo,
anhelaba de que el resto del día pasara rápido para que fuera sábado y pudiera
estar a solas con Jérémy en el lugar en donde vive. Realmente había cambiado el
sentido de mi día con esta propuesta…
Secundaria número 85 "República de Francia", escuela en donde se desarrolla la trama de esta novela.
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