sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulos XIII-XIV


Capítulo XIII

Había llegado el último día de la semana, viernes, día en que nos toca estar en talleres en las tres últimas horas de clases. Axayácatl había elegido el taller de Diseño, en el cual estaban Josef y Nestor; Jérémy había seleccionado Artes Plásticas, en donde estaba Lizeth; por su parte, Isabel decidió tomar el taller de Belleza. En lo que correspondía a mí, había seleccionado el taller de Taquimecanografía desde el primer año de secundaria, conmigo se encontraba Angélica.

    Todos estábamos en nuestros respectivos talleres, a excepción de Axayácatl, quien caminaba por el patio, esto porque su maestro todavía no había llegado.

    - No sé qué voy a hacer- se decía Axayácatl mientras cruzaba por el patio-, si no consigo las fotos, Francisco y Rogelio realmente me matarán. No hay excusa alguna para no conseguirles lo que me pidieron, pero realmente estoy muy nervioso, ¿cómo es que puedo tomarles las fotos a esas personas que ellos quieren?; sí, no me queda de otra que hacerlo a escondidas, pero tengo mucho miedo a que mis compañeros se den cuenta que les estoy tomando fotos, pues si es así, todo se acabará para mí.

    En ese momento, Axayácatl notó que sus compañeros de Diseño se habían puesto a jugar fútbol en lo que llegaba su profesor de taller. Como estaba haciendo mucho calor, dos de ellos se quitaron la camisa, estos fueron Josef y Nestor.

    - ¡Perfecto!- con emoción dijo Axayácatl-, creo que podré sacar ventaja de esto que han hecho; aunque no se encuentre Jérémy entre ellos, seguramente Francisco y Rogelio se conformarán y me podrán dar más tiempo para fotografiar a Jérémy.

    Axayácatl, entonces, se acercó al asta bandera, misma que está justo enfrente de las canchas de fútbol. Como no sabía manejar un celular con cámara, tardó en lograr obtener una imagen; para obtenerlas, tenía que alzar lo mejor posible el teléfono y así lograr tomar una foto. Quería tomar más de Nestor que de Josef, pues no quería perjudicar a su amigo Josef.

    - No quiero llevarles fotos de mis amigos; en realidad de nadie, pero siento que traicionaría fuertemente a aquellos que me han hecho sentir feliz en la escuela, como Josef, por eso mismo tendré que llevar la mayoría de Nestor.- decía mientras tomaba las fotos poco a poco.

    En el momento en que Axayácatl se acababa la mitad de la memoria del teléfono por tomar muchas fotos, Nestor, desde lejos, se dio cuenta de lo que Axayácatl hacía con el celular, aspecto que le pareció sumamente extraño y por lo que decidió detener el partido. Nestor entonces se puso su camisa y sin decir nada más, se dirigió hacia Axayácatl.

    - ¿Pero qué pasa con Nestor?, el juego iba muy bien- comentó Josef.

    Cuando Axayácatl vio que Nestor se acercaba enojado hacia él, se puso muy nervioso, la mano le empezó a temblar con el celular, por un momento pensó que Nestor se daría cuenta de todo y que lo divulgaría entre la escuela, lo cual provocaría el enojo de Francisco.

    - Ese pinche indio hizo algo con ese celular, no sé qué carajo era, pero está muy raro que él, que siempre se la pasa jugando fútbol con los de su grupo, ahora no lo haya hecho por estar con un celular justo enfrente de las canchas; además, dudo mucho que ese teléfono sea de él, igual y se lo robó a alguien. –dijo Nestor cuando ya estaba a punto de llegar con Axayácatl.

    Axayácatl, quien se encontraba totalmente congelado por la forma en que Nestor se acercaba a él, no podía moverse de lugar o hacer algo para impedir que Nestor llegara a él, puesto que eso se vería muchísimo más sospechoso y haría estallar aún más el enojo de su compañero; sólo le quedaba a Axayácatl fingir muy bien para no arruinar todo.

    - Oye wey ¿qué crees que estás haciendo con ese celular?- Nestor se puso enfrente de Axayácatl, pero Axayácatl no respondió a lo que Nestor preguntó.-, dame ese maldito celular ahora mismo- dijo Nestor enojado.

    - Yo… yo… ¡yo no hacía nada especial con el celular!, tan sólo veía sus opciones- expresó de inmediato Axayácatl para no entregar el teléfono.

    - ¿A sí?, ¿tan sólo veías las opciones del celular?... bien, y dime, si es así, ¿de dónde sacaste ese teléfono tan bueno, eh indito? – muy cínico comentó Nestor.

    Axayácatl fácilmente se enojaba, con justa razón, cuando le insultaban con esos adjetivos que utilizaban sus compañeros de manera despectiva hacia su persona; sin embargo, le era imposible contestarle mal a Nestor en ese momento, puesto que haría que él le quitara el celular a la fuerza.

    - Este celular es mío y no te lo voy a dar Nestor.- muy controlado, contestó Axayácatl ante el insulto de Nestor.

    - Mira asqueroso indio, yo sé que ese maldito celular no es tuyo y que estabas haciendo algo con él, estabas como tomando fotos o vídeo del juego; no sé para qué lo hacías, pero me caga que la gente tome ese tipo de cosas con mi persona sin mi autorización. – más enojado dijo Nestor.

    - ¡Nestor, ya deja a Axayácatl!- gritó Josef desde lejos, pero Nestor no le hacía caso.

    - Tu vanidad no prohíbe que yo haga lo que quiera con mi teléfono; además, ni que fueras Dios para que nadie te pueda ver – respondió Axayácatl muy enojado.

    Nestor, en cuanto escuchó esto, se enfureció bastante hasta ponerse muy rojo de la cara, estaba a punto de darle un golpe a Axayácatl y quitarle el celular, cuando en ese momento Josef, quien ya también se había puesto la camisa, llegó con ellos.

    - ¿Se puede saber qué sucede aquí? – exclamó de inmediato Josef.

    - Axayácatl oculta algo en ese teléfono- indicó Nestor igual de molesto.

    - Nestor, es sólo un maldito celular, ya déjalo y vamos a jugar- tomando como estúpido el comentario de Nestor, Josef le pidió.

    - No, yo sé que algo trama este wey- insistía Nestor.

    - Cabrón, ya déjate de mamadas y vamos a jugar; además, es el celular de Axayácatl y él puede hacer lo que quiera con él- Josef habló con tono fuerte.

    Nestor simplemente miraba feo a Axayácatl, pero sabía que si continuaba con el pleito, éste se haría más grande. Nestor también tomaba en cuenta que Josef era amigo de Axayácatl, y que, evidentemente, lo defendería.

    - Pinche indio, no te vas a salir con la tuya cabrón; no te quiero ver cerca de mí- Nestor se alejó.

    - ¡Nestor!, da gracias a que estamos adentro de la escuela, porque ya te hubiera partido la madre por lo que acabas de decir- le dijo Josef a Nestor, quien todavía se encontraba algo cerca de ellos.

    - Ya veremos Josef. El pleito es con él, no contigo – respondió Nestor, quien le tenía miedo a Josef porque Josef era de los más respetados en la escuela debido a su fama de que quien se metía con él, resultaba muy mal herido. Nestor entonces se alejó por completo.

    - No le hagas caso, es un vil collón que sólo se mete con los que cree poder-Josef le dijo a Axayácatl.

    - Gracias Josef por ayudarme, no quería que te metieras en problemas por mi culpa, realmente me siento muy apenado – dijo Axayácatl con tono triste.

    - Ey, no tienes que agradecer, me caes bien y no voy a dejar que un ególatra como él te insulte como si nada; a mí la neta me vale verga que me deje de hablar Nestor. – comentó Josef para tranquilizar a Axayácatl.

    - No sé qué decir, te prometo que no volverá a pasar – Axayácatl le sonrió a Josef, quien a su vez también lo hizo y posteriormente se fue al juego.

     Axayácatl entonces se tranquilizó después de que vio que Nestor se puso a jugar de nuevo, pensó que por un momento todo se vendría abajo si Nestor veía la pantalla del celular y en ésta notaba la última foto que le había tomado sin camisa; sin embargo, agradeció lo que Josef había hecho por él. Después del incidente, Axayácatl decidió alejarse del asta bandera para no verse más sospechoso.

    Por otro lado, en el taller de Artes plásticas en donde estaban Jérémy y Lizeth, la maestra había indicado que se iban a juntar en dos personas para realizar una figura que era un tanto laboriosa. La maestra seleccionó a los equipos e indicó que Jérémy estaría con Mario, quien era del grupo de 3.-“C”.

    Cuando Jérémy fue a la mesa en la cual estaba Mario, no supo cómo empezar una conversación con él, pues Mario casi no hablaba con nadie y por eso a Jérémy se le hacía un poco difícil socializar con él.

    - Emm… disculpa, ¿habéis traído la pintura que nos encargó la maestra?- estas fueron las primeras palabras que Jérémy le dirigió a Mario.

    - No, por desgracia se me olvidó traerla. – Mario contestó pusilánime.

    - Ya veo, pero bueno, no te preocupes eh, yo he traído la mía y con ella podemos trabajar muy bien tú y yo. -Jérémy sacó de su mochila un pequeño bote de pintura.

    - Vaya, qué bueno que la trajiste, perdona que yo no lo haya hecho, pero olvidé que era para hoy.

    - Bueno eso es lo de menos, compartimos y ya está.- amablemente, y con una sonrisa, contestó Jérémy.

     Mientras ellos hacían la figura, Mario no pronunció algo más que no tuviera que ver con el trabajo que realizaban; Jérémy, que tenía una personalidad muy expresiva, se sentía un tanto extrañado por la actitud de Mario, de hecho no recordaba haber oído algo sobre Mario en lo que había durado su estadía en la escuela. La maestra entonces les indicó que sacaran la pieza al sol para que se secara, pero sin soltarla, pues podría derretirse. Ambos hicieron lo indicado y se sentaron justo enfrente de la puerta del taller para secar la pieza que ya casi habían acabado.

    - Veo que eres un poco tímido al hablar- comentó Jérémy muy interesado.

    - Sí, creo que ya te diste cuenta- contestó Mario mientras veía su trabajo.

    - Sí, ya me he dado cuenta; dime, tú eres de 3.-“C” ¿cierto?- preguntó Jérémy.

    - Sí, soy de ese grupo, tú eres del 3.-“B” ¿no es así?

    - Así es, yo estoy en ese grupo.

    - Sí, lo sé, tan sólo quería corroborar Jérémy. También sé que viniste de España y que tu hermana es Isabel. – dijo Mario muy seguro sin mostrar algún interés o nervio por expresar estos datos sobre Jérémy.

    - Vaya, entonces sabías cómo me llamaba y hasta el nombre de mi hermana. – sorprendido comentó Jérémy.

    - Lo sé porque ustedes son los más populares de la escuela – respondió Mario sin despegar la vista a la figura que habían hecho él y Jérémy.

    - No me agrada ni me interesa ser el más popular; mejor dime, según entiendo tú te llamas Mario porque lo ha dicho la maestra cuando nos indicó que hiciéramos equipo, sí te llamas así ¿verdad? – interesado preguntó Jérémy.

    - Pusiste atención. Sí, yo me llamo Mario – Mario entonces volteó a ver a Jérémy.

    Mientras ellos dos platicaban esta y otras razones, yo había salido al baño, el cual está en el mismo pasillo que el taller de Artes plásticas. Antes de que entrara al baño, noté desde lejos que Jérémy estaba en la puerta de su taller y que hablaba con alguien a quien le sonreía mucho; decidí entonces acercarme poco a poco a ellos, por lo que me escondí en uno de los pilares del edificio para verlos un poco más de cerca.

    - ¡Jérémy!- gritó la maestra de su taller.

    - Vaya, pero qué grito me ha pegado la maestra- Jérémy se levantó-; en seguida regreso Mario, veré qué desea- Jérémy entonces entró al taller.

    Cuando Jérémy entró, me asomé un poco para ver quién era con el que hablaba, al ver que era Mario la persona de quien se trataba, no pude evitar ponerme celoso y sentir un poco de miedo en mi interior.

    -¿Jérémy hablaba con Mario?- me dije sorprendido-, ¿pero cómo o por qué?, Mario es uno de los tipos más extraños de la escuela, casi no habla y está por lo regular solo, ¿cómo fue que se conocieron?; me acercaré y me haré ver, aprovecharé que Mario está solo. Ojalá que Jérémy no se dé cuenta de esto…

Capítulo XIV

Caminaba lentamente hacia Mario, él todavía no se daba cuenta de mi presencia, por lo que pude ir a paso seguro mientras lo veía fijamente. Mario era de piel blanca, su cabello era lacio y un poco castaño, tenía unos ojos bastante bonitos, era de estatura baja, y, para muchos, tenía una sonrisa preciosa, de esas que aunque son raras de ver, cuando aparecen, pueden enternecer hasta a los más bellos dioses; su voz era un poco de niño aún, pero era muy dulce, tan dulce y suave como el viento que se atreve a tocar el rostro de uno; Mario, en suma, era uno de esos niños con características particulares que hacían de su belleza un manto colorido que cubría todo un universo de misterio.

    Finalmente llegué con él, lo observé fríamente, al igual que él también hizo eso. Me acerqué a la puerta de su taller, me asomé discretamente, y, posteriormente, me fui. No tuve el valor de preguntarle a Mario por Jérémy, como era mi intención.

    Unos pocos minutos después de que yo me alejé de ahí, Jérémy salió de su taller.

    - He regresado Mario, la maestra sólo me quería preguntar de dónde había traído la pintura porque había salido muy buena- agachándose hacia Mario, Jérémy comentó.

    - Muy bien. Bueno, la figura ya está completamente seca, creo que por fin está terminada.- añadió Mario sin prestarle mucha atención al comentario de la pintura.

    - ¡Pero qué bien!; oye, ¿fue mi imaginación, o vi que alguien se asomó en la puerta del taller?, no pude ver bien quién era porque la maestra me miraba fijamente.- preguntó muy intrigado Jérémy.

    - Sí, vino uno de los de tu salón, ¿cómo se llama?...- Mario entonces trataba de recordar mi nombre-, creo que se llama Clemente.

    - ¿¡Clemente!?- expresó Jérémy mientras se levantaba con emoción.

    - Sí, ¿te agrada mucho que él venga a buscarte?- extrañado, dijo Mario.

    - ¡Oh no!, es sólo que seguro venía a darme un cuaderno que le había prestado- disimuló Jérémy.

Mario no preguntó ni expresó más acerca de esta emoción de Jérémy, por lo que mejor volvieron al salón a avisar que ya habían terminado su figura. Llegó entonces la hora de la salida y me encontraba afuera hablando con Lizeth, yo todavía mantenía en mi mente la imagen de cómo Jérémy había hablado con Mario con una gran sonrisa. Cuando de pronto llegó Jérémy.

    - Hola amigos, ¿cómo les ha ido en el taller?- muy emocionado expresó él.

    - Bueno, yo estoy contigo, así que seguramente viste que me fue bien ¿y a ti Jérémy?, vi que te tocó hacer equipo con Mario y te pasaste las tres horas con él- dijo Lizeth.

    - Sí, pero fue sólo por el trabajo- un tanto nervioso por esta confesión, respondió Jérémy.

    -Alguna vez me tocó hacer equipo con Mario, casi no habla, pero cuando lo hace demuestra que es un buen chico con unos lindos sentimientos, a mí me da mucha ternura. – dijo Lizeth con una gran sonrisa.

    - Así que de muy buenos sentimientos… – dije con muchos celos.

    - ¡Ya llegaron por mí!- interrumpió Lizeth-; bueno, me voy amigos, que estén bien- ella se despidió y se fue.

    - Yo también noté que estabas con él- agregué a la conversación con un tono muy serio.

    - Sí, Mario me avisó que fuiste al taller.- me reveló Jérémy.

    - ¿¡En serio te dijo eso!?- muy sorprendido dije, pues no consideré que Mario pudiera decirle a Jérémy que yo lo había ido a buscar; esto me hizo enojar por alguna extraña razón, así que traté de disimular mi furia-; sí, fui a ver a Lizeth, pero noté que estaba ocupada y me regresé.- dije tratando de ocultar mi verdadera intención de haber ido al taller de Jérémy.

    - ¿Pero qué tienes Clemente, por qué de pronto cambias tu tono conmigo; acaso me vas a decir que estás celoso de Mario?- dijo Jérémy con cierto tono de que parecía saber lo que quería despertar en mí con ese comentario.

    Aquella pregunta me había puesto a pensar sobre ello, ¿con qué derecho y de qué me servía ponerme celoso de Mario?, realmente Jérémy no era nada mío, y ni si quiera sabía si Mario era homosexual como para saber sus intenciones de su plática con Jérémy. Esto me hizo tranquilizarme y dejar de asegurar y tomar actitudes de cosas que no existían en la realidad.

    - ¿Celoso de un niño?, jamás- respondí.

    -Ya decía yo; pero oye- dijo Jérémy cambiando el gesto de su cara-, hacía mucho tiempo que quería proponerte algo.

    Cuando Jérémy dijo esto, mi mirada y mi expresión cambiaron por completo, era como si me hubiesen alejado de una neblina que ocultaba mis sentimientos por él, pues, cuando expresó esto, mi corazón latió rápidamente y me puse nervioso por saber qué era lo que quería proponerme.

    - ¿Proponerme algo?, ¿de qué se trata? – todavía con sorpresa, respondí.

    - Bueno, es una propuesta que espero no te incomode, pero es que tengo ganas de pasar un fin de semana a lado de un amigo como tú, casi como pasó ese día en que jugamos fútbol. No sé si quisieras ir a mi casa. – él me dijo con una gran sonrisa.

    - ¿¡A tu casa!?- muy sorprendido exclamé-, pero… seguro Isabel estará ahí.

    - Para nada, Isabel irá a la casa de Angélica, ya sabes, seguro las dos víboras tramarán algo; por eso mismo es que te he invitado.

    - ¿En serio?, pues no sé qué decir Jérémy, te agradezco que me invites a tu casa. Si Isabel no está ahí, entonces con tranquilidad puedo decirte que acepto tu propuesta.- emocionado respondí, pues estaba sumamente alegre con tan sólo pensar que los dos estaríamos otra vez juntos.

    - ¡Excelente!, muchas gracias por aceptar Clemente; entonces mañana nos vemos justo aquí afuera de la escuela a las 11 de la mañana ¿vale?- me dio un ligero golpe en el pecho-. Hasta mañana Clemente- se fue Jérémy.

    Después de que Jérémy se fue y yo tomé el camino a casa, no pude dejar de pensar y de sentir la felicidad que me había atrapado por esa invitación que me había hecho Jérémy. Estaba completamente emocionado por ir a su casa, aunque, también, un poco nervioso; sin embargo, anhelaba de que el resto del día pasara rápido para que fuera sábado y pudiera estar a solas con Jérémy en el lugar en donde vive. Realmente había cambiado el sentido de mi día con esta propuesta…



Secundaria número 85 "República de Francia", escuela en donde se desarrolla la trama de esta novela.

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