sábado, 6 de julio de 2013

Capítulos XXVII-XXVIII



Capítulo XXVII

Isabel se encontraba bastante molesta porque Axayácatl la insultó, razón por la cual ella había decidido golpearlo, sin embargo, en el momento en que ella casi lograba su objetivo, Lizeth a lo lejos se hizo notar cuando llamó a Axayácatl.

    - ¡Maldita sea! - dijo Isabel sin poder continuar con su propósito. Angélica, por su parte, soltó a Axayácatl, ella estaba muy asustada.

    Entonces finalmente llegó Lizeth con ellas.

    - ¿Algo pasa aquí Axayácatl? - preguntó Lizeth, quien se detuvo justo atrás de Isabel.

    - Y si pasara algo, ¿qué harías tú, eh? - exclamó Isabel al mismo tiempo que volteó a ver a Lizeth.

    - Entonces sí pasó algo; Axayácatl, ¿qué te hicieron estas enfermas? – preguntó enojada Lizeth mientras le sostenía la mirada a Isabel.

    - Ha, ¿has escuchado eso Angélica?, nos ha llamado enfermas – reiteró Isabel con tono despectivo.

    Angélica, entonces, como se sentía tan nerviosa porque Lizeth las descubrió agrediendo a Axayácatl, expresó:

    - Emm… Isabel, yo creo que…

   - ¿Acaso no sabes quién soy yo, incrédula? – Isabel interrumpió a Angélica para preguntar esto a Lizeth.

    - Eres la hermana de Jérémy, ¿no es así? – respondió Lizeth sin sorpresa alguna.

    - Así es, y creo que no te gustaría tener problemas con mi hermano, ¿o sí?

    - Dudo que Jérémy le crea a una serpiente como tú. 

    - ¿¡Cómo te atreves!? – Isabel se enojó tanto que dio un paso en dirección a Lizeth, pero entonces…

    - ¡Basta!; Lizeth, vámonos de aquí, no vale la pena esto – expresó temeroso Axayácatl.

    - El que no vale ni una moneda eres tú, indio asqueroso – respondió Isabel al comentario de Axayácatl.

    - Esto es el colmo ya – Lizeth entonces también se acercó a Isabel. Ambas no dudaban en dar un paso para acercarse a la otra, y bien pudiera saberse lo que iba a acontecer en un muy cercano momento, pero, justo en ese instante, la campana que anunciaba que el receso se terminaba sonó, con lo cual todos los alumnos corrían o caminaban rumbo a su salón, y esto hacía que pasaran varios justo en donde estaban Axayácatl, Lizeth, Isabel y Angélica.

    - Pues qué va, parece que, como dicen, te ha salvado la campana, menuda suerte la tuya querida – dijo en seguida Isabel, mientras se detenía a medio camino rumbo a Lizeth.

    Lizeth también se detuvo y sólo expresó una sonrisa, una sonrisa que representaba las ganas que aguantaba de golpear con todas sus fuerzas a Isabel.

    - Como sea, has de saber que esto no se quedará así, y que pronto nos volveremos a ver – Isabel, antes de voltearse e irse, miró fijamente a Axayácatl, con una mirada que expresaba la amenaza.

    Así fue como Isabel y Angélica se fueron de inmediato, en tanto que Lizeth se tranquilizó y entonces le preguntó a Axayácatl:

    - Axa ¿te querían hacer algo esas locas?

    Axayácatl no contestó nada ante esto, pues a él le daba pena expresarle a otra mujer el que él, siendo hombre, no pudiera defenderse de otra niña, además de que, si le decía algo a Lizeth sobre las amenazas de Isabel, esto conllevaría a contarle toda la verdad sobre Francisco a Lizeth.

    Lizeth, en cuanto notó el silencio de Axayácatl, le comentó:

     - Axayácatl, sabes que puedes confiar en mí, yo jamás diré a nadie más sobre este incidente.

    Axayácatl entonces volteó a ver a Lizeth y le dijo:

    - Por favor, no digas nada sobre esto.

    - No lo haré.

    - Gracias Lizeth, pero perdona, por ahora no quiero hablar de lo que pasó, sólo te pido que a nadie le comentes sobre lo que acaba de ocurrir, por favor Lizeth – dijo Axayácatl con esa preocupación que lo caracterizaba.

    Lizeth volvió a decirle a Axayácatl que no diría nada sobre lo ocurrido, por lo que ambos se dirigieron al salón, sin embargo, Axayácatl excusó con decirle a Lizeth que iría un momento a buscar algo de comer a la cooperativa. Ella aceptó y entonces dedujo que seguramente él quería estar solo, por lo que decidió dirigirse al salón.

    Por tanto, yo me encontraba ya afuera del salón, esperaba con ansias ver a Lizeth o a Axayácatl, pues no había visto a ninguno de los dos durante el receso, cuando en ese instante vi a Lizeth. Rápidamente me acerqué a ella.

    - Lizeth, ya no te volví a ver en el receso; dime, ¿ocurrió algo?- preocupado le pregunté.

    Lizeth de inmediato se quedó pensativa ante tal pregunta mía, pues ella estaba pensando seriamente en decirme lo que había pasado entre Axayácatl, Isabel y ella, pero entonces recordó el favor que le había pedido Axayácatl; sin embargo, para ella era muy importante decirme lo que había pasado, pues sabía que tal vez yo podría hacerle decir a Axayácatl el problema que había tenido con Isabel.

    - Bueno Clemente, la verdad es que sí encontré a Axayácatl… - finalmente dijo muy seria ella.

    - ¿Ah sí?, y, ¿en dónde lo encontraste? – extrañado por el tono de voz de Lizeth, le comenté.

    - Bueno yo lo encontré… - ella ya iba a comentar lo que había pasado momentos antes, pero entonces…

    - ¡Ey!, Lizeth, Clemente, díganme, ¿ya están listos para Educación Física? -Jérémy interrumpió lo que Lizeth me iba a decir en ese momento.

    Lizeth y yo nos quedamos sorprendidos debido a la inesperada interrupción de Jérémy, por lo que de inmediato Lizeth contestó:

    - Sí, ya casi estamos Clemente y yo.

    - Bien, porque la maestra me ha dicho que nos bajemos todos al patio. Clemente, ¿crees que podrías acompañarme por un balón? - Jérémy me volteó a ver.

    Lizeth entonces, como si ella supiera lo importante que era el que Jérémy y yo estuviéramos juntos, aun cuando yo todavía no le decía nada sobre lo que yo sentía por él, en seguida comentó:

    - Ve Clemente, pero no te olvides de lo que te tengo que decir.

    Yo me quedé sorprendido ante tal reacción de Lizeth, pues no lo dijo con un tono molesto, al contrario, esta acción de su parte parecía un tanto intencional, entonces pensé que ella, tal vez, ya se había dado cuenta de lo que pasaba entre Jérémy y yo.

    Entonces de inmediato Jérémy dijo:

    - ¿Estáis seguros de que no quieren hablar ahora?, yo puedo ir sólo al gimnasio – dijo Jérémy apenado al notar su interrupción.

    - No, no te preocupes Jérémy, de todos modos yo tenía que ir al salón un momento – respondió Lizeth con una sonrisa en su rostro.

    - Pues muchas gracias, entonces me llevo a Clemente – él me tomó del hombro y yo me volteé en dirección de las escaleras, Jérémy volteó a ver una última vez a Lizeth y ella le guiñó a él, con lo que él entendió que sí, que Lizeth ya se había dado cuenta de todo.

    Jérémy por tanto le sonrió con complicidad a Lizeth, y entonces él y yo bajamos las escaleras. Mientras ambos bajábamos, él dijo:

    - ¿Qué pasaría si te obligo a jugar fútbol?- con tono juguetón habló él.

    - Creo que me pondría muy nervioso y haría todo mal - asustado le respondí.

    - No, para nada. Anda Clemente, que sólo es un juego, no te mataremos o algo por el estilo, acepta y yo te ayudo en la cancha – insistió él.

    - Gracias por lo de ayudarme, pero es que, en serio, soy muy malo en ese juego, y creo que haría perder a su equipo - apenado le respondí.

    - Qué va, lo de perder es lo de menos, a nosotros no nos importa; de hecho, ¿sabes?, hay varios en el grupo que siempre han querido verte jugar – él me sonrió.

    - No me digas, seguramente eres tú y Axayácatl, ¿verdad? – le comenté de forma irónica, pues sabía que en verdad sólo ellos querían que yo jugara fútbol.

    - Bueno, y Josef – añadió con desilusión de que me diera cuenta de su plan.

    - ¿Josef? – dije extrañado.

    - Sí, bueno, él me ha dicho que siempre que se acerca a ti tú te pones muy nervioso.

    Yo entonces me quedé callado ante tal comentario de su parte. Jérémy entonces añadió:

    - Mira, piensa mientras vamos por el balón.

    - ¿Siempre van por balones al gimnasio?, perdón, pero es que como yo nunca juego esas cosas, no sé cómo está el asunto con eso – interesado expresé mi duda.

    - No, en realidad siempre alguno de nosotros trae un balón para hacerlo pasar por uno del gimnasio, por ejemplo, ahora iremos por uno que Josef escondió en la cooperativa - mientras decía esto Jérémy, él, con toda naturaleza, se quitó el pans para quedarse en short.

    Yo no podía creer lo que acababa de hacer, pues lo hacía con tanta naturalidad y hombría, y a la vez con cierta intención, que yo no podía resistir el mirar de vez en cuando sus piernas, pues era algo que realmente me encantaba de su cuerpo.

    - ¿Y por qué hacen eso con los balones? – dije nervioso porque él no se fuera a dar cuenta de la forma en que lo miraba.

    - Pues porque los del gimnasio están ya en mal estado y no se puede jugar bien con ellos. Mira, ahí está Josef.

    Nos acercamos hasta donde Josef estaba, él tenía un balón entre manos.

    - Hola Jérémy. Clemente, qué sorpresa de verte aquí – me comentó Josef mientras me veía.

    Yo entonces por un momento estuve nervioso por la presencia de Josef, pero al recordar que Jérémy estaba a mi lado, perdí tal pena y respondí:

    - Digo lo mismo, no sabía que esconder balones fuera un arte – comenté de forma amigable.

    Josef sonrió por mi comentario y respondió:

    - Algún día deberías intentarlo, es divertido.

    Jérémy sonrió por vernos platicar, parecía que él entendía lo que pasaba.

    - ¿Lo has traído? – preguntó Jérémy.

    - Sí, aquí está wey, que nadie se dé cuenta de esto, yo haré que vengo del gimnasio y diré que tú ya habías llegado por el balón antes ¿va?- dijo Josef. Entonces él se acercó a Jérémy para darle el balón.

    - Vale, pero mejor dáselo a Clemente, así sospecharán menos de lo que hicimos, porque ya nos han visto varias veces a ti y a mí hacer lo mismo - indicó Jérémy.

    Cuando Jérémy dijo esto, no pude evitar sentirme utilizado, como si Jérémy sólo hubiera esperado el momento en que Josef le quería dar el balón para entonces utilizarme, sé que era muy prematuro pensar en esta posibilidad, pero parecía que Jérémy necesitaba de alguien más para que la maestra de Educación Física no sospechara tanto sobre el plan de ellos.

    Josef, extrañado, me entregó el balón de fútbol.

    - Gracias Clemente, y bueno, tengo que irme o entonces la maestra se preguntará que dónde estoy – comentó Josef, entonces él se fue.

    En cuanto Josef se alejó por completo, Jérémy expresó:

    - Bien, ahora vayámonos por el otro lado del patio.

    Él y yo empezamos a caminar, pero yo todavía me sentía utilizado, y tenía una gran duda al respecto, la verdad es que me sentía muy triste por pensar si quiera que fuera verdad lo que creía con respecto a lo que había hecho Jérémy.

    - Entonces…- dije mientras caminábamos-, querías que te acompañara sólo para disimular más lo que hicieron - con tono triste, finalmente le comenté a Jérémy.

    Jérémy, en cuanto escuchó esto, sorprendido me volteó a ver, como si no pudiera creer lo que le había dicho.

    - ¿En verdad crees que sólo quise que me acompañaras para eso?- preguntó serio.

    - Es que… así pareció Jérémy – contesté apenado.

    - No sé por qué piensas eso, ¿acaso hice algo que pudiera hacerte pensar eso?

    - Sí, justo en el momento en que le dijiste a Josef que me diera mejor el balón  a mí, hasta él se quedó extrañado; así que, dime la verdad o no te doy el balón- le advertí mientras estábamos llegando a las escaleras que daban a los grupos del 3.-“F” y 2.-“D”.

    - Ah, con que no me lo darás, eh - con tono juguetón me dijo.

    - No, y no estoy jugando Jérémy - muy serio le dije.

    - ¿Seguro?- me miró con gesto de juego.

    Al notar la forma en que Jérémy me hablaba, decidí correr rápido para subir a las escaleras para así llegar al pasillo de los salones y así poder ocultarme arriba, pero cuando ya estaba a punto de subir al primer escalón, Jérémy me alcanzó y me abrazó por la cintura, lo que me impidió moverme, pues aunque movía mis brazos para alejarlo de mí, no podía lograr nada, ya que su fuerza era mayor que la mía. Aquel acto fue un momento extraño a la vez que mágico, pues sentí sus rodillas detrás de las mías, sus brazos rodeando mi cuerpo y su rostro recargado en mi hombro.

    - ¿Seguro que no me lo darás?- con una gran sonrisa me volvió a preguntar.

    - ¡No, no te lo daré Jérémy!- le volví a repetir ya con un tono también juguetón de mi parte.

    En cuanto le respondí esto, Jérémy entonces me cargó y me llevó hasta la pared del salón de juntas que estaba enfrente de las escaleras, me recargó ahí y él se puso enfrente de mí, muy de cerca a mi cara.

    - Ey, escucha Clemente, no quiero que pienses, para nada, que te utilicé sólo para una cosa sin importancia, en verdad quería que me acompañaras, pues quería estar un momento contigo - con tono serio y tierno me dijo.

    Sin duda esto era un momento memorable, impredecible, que era digno de recordar por la eternidad: Jérémy tan cerca de mí, yo recargado en la pared del salón de juntas, ambos tan juntos, él que me decía cosas tan tiernas, y que también me hablaba con un tono serio y al mismo tiempo cariñoso, yo que no podía responderle nada debido a la emoción que me causaba todo este momento.

    - Entiendo- fue lo único que le pude decir, pues trataba de fijar mi vista a otro punto que no fuera al de sus ojos, mismos que me miraban fijamente.

    Ambos nos quedamos así de cerca por unos momentos, sus dos brazos estaban extendidos paralelamente a los lados de mi cabeza, su mirada que continuaba fija en la mía, sus labios rojos y finos que estaban también ahí, frente a mí. Esa posición de protección que me brindaba en ese momento, yo que tan sólo podía estar recargado y sin poder hacer nada, nada. Entonces mi corazón latía, no había ruido alguno que interrumpiera tal momento, ni persona alguna que estuviera cerca, era un silencio tan tranquilo que hasta se escuchaban nuestras respiraciones tan cercanas, que hasta yo escuchaba el latir rápido constante de mi corazón.

    Entonces por fin me animé a voltearlo a ver, ambos nos miramos tierna y fijamente por unos minutos, cuando…

    - ¿Jérémy?- dijo Josef, quien nos estaba viendo al otro lado del mismo pasillo en donde estábamos Jérémy y yo…
Capítulo XXVIII

Josef nos miraba a Jérémy y a mí, todos estábamos completamente sorprendidos, pero, sin duda alguna, el más sorprendido era Josef, pues nos observaba completamente extrañado, sus ojos expresaban una cierta incomodidad de que nos viera tan juntos.

    - ¡Josef!- expresó sorprendido Jérémy, quien me arrebató el balón de las manos mientras se alejaba rápido de mí.

    - ¿Pasa algo aquí?- dijo Josef mientras se acercaba a nosotros.

    - No, Clemente y yo sólo hablábamos un poco - mientras Jérémy decía esto, yo no podía evitar estar apenado y con miedo por el hecho de que Josef nos haya visto tan cerca, sabía que él no le creería del todo a Jérémy.

    - ¿Hablaban? – Josef entonces me volteó a ver, parecía que se había dado cuenta de mis nervios.

    - Sí bueno, es que luego él y yo bromeamos sobre ciertos asuntos y nos llevamos de esta manera – de inmediato añadió Jérémy, como para tratar de ocultar lo evidente, pero era imposible, Jérémy también estaba muy nervioso como para convencer a Josef.

    - Me imagino que así se juega en España ¿no? – comentó Josef como para ayudar a ocultar la verdad.

    - Sí, justo así se juega – más nervioso aún respondió Jérémy, era la primera vez que lo veía nervioso.

    - Como sea, la maestra quiere que ya llegues con el balón, vas a hacer que se dé cuenta – comentó Josef.

    - Cierto, pues no demoremos más, vamos allá entonces – expresó Jérémy.

    Entonces los tres comenzamos a caminar rumbo hacia el patio, sin duda alguna todo esto era una situación embarazosa por el hecho de que no se pudieran aclarar las cosas, el que de un momento a otro tuviera que romperse ese momento increíble por la llegada de Josef, y también el que él caminara junto a nosotros, a sabiendas de lo que pasaba. Todo era una mezcolanza de emociones.

    - Jérémy, te recomiendo que te adelantes al gimnasio en lo que la maestra está con los demás y no ve quién entra o quién sale de allí – Josef habló seriamente.

    - Ah, sí, claro, emm yo… - Jérémy no pudo evitar voltear a verme.

    - Yo llegaré con Clemente – dijo Josef al notar la preocupación que Jérémy tenía por mí.

    Cuando escuché esto me puse todavía más nervioso, realmente no quería que Jérémy se alejara de mí ni un momento, y menos si Josef era el que se iba a quedar conmigo.

    - Bien, entonces…, los veo allá – expresó Jérémy con nervios de lo que pasaría, entonces corrió para llegar al gimnasio.

    En tanto Josef y yo caminábamos lentamente hacia donde estaban los demás, Josef me volteaba a ver de reojo, y entonces me comentó:

    - ¿Te sucede algo, Clemente? – me volteó a ver.

    Todo esto era increíblemente intenso para mí, no sabía ni cómo actuar, mi forma de caminar no ayudaba en nada para fingir todo: tenía mis manos agarradas a mis codos y mi cabeza inclinada, como totalmente avergonzado, y es que era así, pues nunca nadie me había visto así de cerca con otro hombre. Además, el que Josef fuera el que nos vio le daba todavía más intensidad al asunto, pues él era uno de los chicos más populares de la escuela, y también de los más heterosexuales; por un momento pensé en decirle la verdad, que me gustaba Jérémy, que lo amaba, que yo era feliz a su lado, pero no, pensé en Jérémy, en que qué culpa tenía él de que yo manchara su reputación y su popularidad ante los demás, así que mejor callé y sólo dije:

    - No sucede nada.

    - ¿Por qué te llevas así con Jérémy? – insistió Josef.

    Yo no sabía qué hacer, era realmente incómoda esta situación, yo en el fondo sabía que Josef ya se había dado cuenta de mi gusto por Jérémy, y que nada serviría para que pensara lo contrario, por lo que decidí ya mejor decirle lo que sentía por él.

    - Bueno es que yo…

    - No lo hagan en la escuela, los demás se pueden dar cuenta – me interrumpió él, como si supiera lo que yo iba a decir y que prefería no incomodarme más con ello.

    Entonces él y yo finalmente llegamos con el grupo, la maestra indicaba lo que se haría en la clase de hoy, en tanto que Jérémy salió del gimnasio para así lograr fingir lo que tanto habían planeado él y Josef. Yo no pude evitar ver con encanto de nuevo a Jérémy, lo miré fijamente y Jérémy también me miró, en nuestras miradas también había una cierta necesidad de ocultar el secreto de lo que había pasado antes, pero Josef también se dio cuenta de esta mirada y entendió más lo que pasaba, por lo que mejor se acercó a Jérémy y ambos convocaron a los demás chicos de mi salón a jugar fútbol.

    Por primera vez tuvimos una verdadera clase de Educación Física, pues en tanto que los niños jugaban fútbol, habíamos otros que jugábamos básquetbol o voleibol, por lo que no pude hablar ni con Lizeth, ni con Axayácatl, y mucho menos con Jérémy.

    Y fue casualidad que el resto de las clases también estuvieran igual de ocupadas, por lo que no pude hablar con ninguno en el poco tiempo que hay entre una clase y otra, porque los maestros llegaron uno tras otro. Entonces acabó el día de clases, y decidí mejor ya no tratar de hablar con alguno, porque en verdad lo de Josef me había dejado muy preocupado, por lo que no podía pensar en otra cosa.

    Ya estaba a punto de pasar a la esquina de la secundaria rumbo a las escaleras del Metro, cuando en ese momento escuché:

    - ¡Ey, Clemente! – era la voz de Jérémy.

    Inmediatamente me detuve al escuchar tan hermosa voz, entonces volteé a verlo y él llegó conmigo.

    - ¿Sucede algo Jérémy? – pregunté preocupado.

    - Nada, tan solo venía a preguntarte si podía acompañarte a la parada del bus- él me tomó del hombro.

    - Claro, con gusto puedes acompañarme – respondí amablemente.

    - Perfecto, al fin que Isabel todavía no sale de la escuela.

    Entonces él y yo comenzamos a caminar hacia las escaleras del Metro para así pasar y llegar a la parada del autobús. En el trayecto, Jérémy no dudó en comentarme: 

    - Ya no pude decirte, pero agradezco el hecho de que me hayas acompañado por el balón- me dijo sonriendo.

    - No agradezcas Jérémy, fue algo… divertido - le contesté alegre.

    - Que lo fue; aunque… lo de Josef, bueno, quisiera pedirte perdón por eso que  pasó con él – él cambió su tono de voz.

    - ¿Perdón?, pero, ¿por qué?, no fue tu culpa – me sentía tan culpable por lo que había pasado y por lo que pudiera pensar Josef con respecto a Jérémy, que entonces no dudé en disculparme yo por lo que sentía por él, y mejor decidí, para no ocultar ni complicar más las cosas, confesarle a Jérémy lo que sentía por él. -; sabes Jérémy, creo que yo soy el que debe pedirte disculpas, porque si yo no…

    - ¡Jérémy!- a lo lejos se escuchó que gritó alguien, y cuando volteamos, nos percatamos que quien había gritado era Isabel. Ella rápido se acercó a nosotros-¿A dónde diablos crees que vas?- se detuvo y nos miró fijamente.

    Justamente atrás de ella venía Nestor a paso lento.

    - Acompañaré a Clemente a la parada del bus- respondió tranquilo Jérémy.

    - ¡¿Qué!?, ¿y qué hay de mí, tonto?- histérica dijo Isabel.

    - Regresaré por ti a la entrada de la escuela ¿vale?- Jérémy trató de calmar a su hermana.

    - ¡Ni lo pienses Jérémy, te regresas conmigo ahora!- Isabel tomó del codo a su hermano, pero de inmediato Jérémy le aventó el brazo.

    - ¡No Isabel!, iré con Clemente antes de ello, ya te he dicho que me esperes en la entrada de la escuela – enojado comentó él.

    - ¡Le diré a mamá sobre esto! - advirtió Isabel más enojada.

    - Has lo que quieras, es más, si quieres regrésate sola a casa, no me importa-Jérémy me tomó del hombro y entonces comenzamos a caminar hacia el puente, por lo que dejamos a Isabel atrás.

    - ¡Maldito Clemente, maldito Clemente homosexual!, ¡pero con alguien me he de desquitar! - dijo ella sumamente enojada, al mismo tiempo que Nestor por fin llegó con ella.

    - ¿Qué pasó mi amor? – preguntó Nestor al ver la cara enojada de su ya novia Isabel.

    Isabel, sin prestarle atención al comentario de Nestor, volteó para así regresarse a la escuela, cuando, a lo lejos vio que Axayácatl se dirigía hacia la misma dirección que nosotros, él estaba totalmente solo.

    - Perfecto – dijo Isabel con una mirada que reflejaba un plan que ya tramaba…


 Patio en donde se desarrolla parte de la escena del capítulo XXVIII.
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