Capítulo XIXX
Jérémy
y yo caminábamos hacia la parada del autobús, yo me encontraba algo sorprendido
y desconcertado por cómo Jérémy había dejado a Isabel atrás, a pesar de que
ella le había amenazado.
- Jérémy ¿en verdad no quieres ir con tu
hermana?, no quiero que tengas problemas por mi culpa - le comenté apenado y
preocupado.
Él, sin voltearme a ver, expresó una
sonrisa en su rostro, con lo cual respondió:
- No te preocupes por Isabel, ya se
calmará; además, para nada debes decir que es tu culpa, porque yo soy el que
eligió estar a tu lado - respondió muy seguro.
Las palabras de Jérémy, una vez más,
significaban una explosión de sensaciones que nunca antes yo había
experimentado. La última frase, con la cual decía que él había elegido estar
conmigo, sin importar lo que pasara con Isabel, tenía un gran significado para
mí y para mi corazón.
- Gracias por eso Jérémy, la verdad es que
me dejas sin palabras; aunque debo decir que Isabel es demasiado explosiva – le
comenté apenado.
- Recuerda que no debes agradecer el hecho
de que yo quiera estar contigo – él entonces me volteó a ver sin quitar esa
sonrisa tan mágica de su rostro. De pronto Jérémy dio un suspiro y continuó -.
Con respecto a Isabel, la verdad es que últimamente ha estado demasiado rara,
en España era así pero no tanto como aquí en México. Creo saber qué es lo que
le preocupa.
- Tal vez se siente rara por estar en un país
al que nunca había venido – comenté, aunque el comentario de Jérémy hizo que
vinieran a mi mente todas las amenazas que Isabel nos había dado a Axayácatl y
a mí el primer día en que la conocimos.
- No, en realidad ella tiene una
preocupación mayor – Jérémy en ese momento cambió la forma de su mirada, ahora
sus ojos reflejaban una preocupación, como si él tuviera un temor a algo que me
fuera a pasar -; pero bueno, tú y yo hablábamos de lo que pasó con Josef. Escucha
Clemente, no sé cómo tome Josef lo que vio entre nosotros dos, realmente
debería verlo como un simple juego, pero existe la posibilidad de que piense otras
cosas; sin embargo, tú y yo debemos estar seguro de lo que somos, ¿de acuerdo?
– entonces Jérémy me miró fijamente, como si esperara una respuesta mía.
Cuando Jérémy terminó de decirme esto, yo
no sabía qué pensar ni qué decir, pues al referirse con “estar seguro de lo que
somos” me hacía pensar en que, en efecto, eso que había pasado entre nosotros
sólo fue un juego y que ambos éramos conscientes de ello, pensamiento que no
sólo me hacía dudar con respecto a todo lo que él me había demostrado, sino que
también me hizo pensar acerca de lo que yo empezaba a sentir por él.
- No te preocupes Jérémy, yo también diré
la verdad si es que llega a pasar algo – respondí con un tono altibajo.
- Por cierto Clemente, hay algo que me
gustaría comentarte sobre otro asunto – Jérémy volvió a cambiar su tono de voz,
esta vez con uno de mayor preocupación.
- ¿Sucede algo más? – el cambio de actitud
de Jérémy me asustó mucho.
- Es con respecto a Axayácatl.
En cuanto Jérémy mencionó el nombre de
Axayácatl, mi corazón empezó a latir rápidamente, pues me había venido la idea
de que Isabel ya le había dicho todo lo que vio ese día en que nos encontró a
Axayácatl y a mí en las escaleras.
- ¿Qué pasa con él? – respondí cortante
debido a mi temor.
- Primero me gustaría preguntarte algo,
¿acaso tú conoces a la familia de Axayácatl? – preguntó muy interesado.
Yo guardé silencio por un momento, en tanto
que Jérémy y yo por fin ya habíamos llegado a la parada del camión.
- Sí, conozco a sus padres – respondí
extrañado.
- ¿Por casualidad conoces a sus tíos? –
volvió a preguntar él.
- ¿A sus tíos?, no, para nada; ¿por qué? –
aquella pregunta de Jérémy me causó mayor confusión con respecto a lo que me
quería decir de Axa.
- Bueno, resulta que el día en que no vino Axayácatl,
un día antes de la entrega del trabajo de Historia, yo me encontraba a la
salida en la esquina de la escuela, estaba esperando a que Josef encontrara a
los demás integrantes del equipo, por lo que yo esperaba en un lugar, pero
entonces se acercó a mí una camioneta de color negro y en ella había dos
hombres, ellos se estacionaron justo enfrente de mí y entonces me comenzaron a
hablar, me preguntaron si conocía a Axayácatl, a lo que respondí que sí,
entonces me preguntaron que si él había venido a la escuela porque lo buscaban,
ya que ellos eran sus tíos, entonces respondí que él no había venido; luego,
extrañamente, ellos me preguntaron que si yo era español, ya que mi tono de voz
me delataba. Total que tuve que irme debido a que Josef ya había reunido a todo
el equipo de trabajo, así que ya no pude hablar más con ellos, pero realmente
todo eso de que eran sus tíos se me hizo muy extraño, además ellos estaban
vestidos de una forma rara, al menos no había visto gente que aquí en la ciudad
se vistiera de esa forma, por tanto pensé que eran de otro estado.
Cuando Jérémy me terminó de contar su
relato, no pude evitar mostrar una cara de asustado. Entonces mi cuerpo, en una
reacción involuntaria, hizo que yo diera un paso hacia atrás, como si enfrente
de mí hubiesen estado Francisco y Rogelio, tal y como lo estuvieron con Jérémy.
- ¿Qué pasa Clemente, te sucede algo? – me
preguntó Jérémy al notar mi temor.
Mientras que pasaba esto, Isabel, por su
parte, ya planeaba su venganza por lo que había acontecido momentos antes.
- Nestor, necesito que vayas por mi hermano
hasta la parada del bus, tráelo aquí, yo los esperaré en la entrada de la
escuela – le dijo Isabel a su novio.
- ¿Yo?, pero, ¿para qué? – preguntó
extrañado Nestor.
- ¡No me preguntes, tan sólo hazlo! –
expresó furiosa Isabel.
Nestor, que también temía a la furia de
Isabel, no preguntó otra cosa y de inmediato fue por Jérémy a la estación del
autobús; mientras tanto, Isabel caminó tranquilamente hacia Axayácatl. Él, al
percatarse de que Isabel poco a poco se acercaba, se detuvo asustado.
Isabel finalmente llegó con Axayácatl.
- Hola Axayácatl - dijo Isabel -, vaya, al
parecer hay mucha gente aquí, ¿no te parece? - Axayácatl no respondió nada -.
Ya veo, algo me dice que sigues temeroso por lo de tu secreto que puedo revelar
en cualquier momento, sé que te da miedo que la escuela completa lo sepa,
porque serías la burla eterna de todos, serías recordado como el más estúpido
de todas las generaciones, pero, ¿sabes?, aun cuando no diga tu secreto, tú
eres todo eso; ¿por qué andas por ahí sonriendo y siendo feliz?, si para todos
no eres más que un vil indio que vino de su sierra. Mugroso, feo y asqueroso;
¿sabías que todo eso provoca que dé pena verte y hablarte?
"Sí Axayácatl, imagina, si así
das pena, ¿qué pasaría si le dijera a todo el mundo lo que ocultas?, ¡A todos
causarías el mayor de los ascos!, tú y los que son tus amigos, como Clemente,
que sólo te trae peor reputación.
Axayácatl sólo veía con furia a Isabel,
pero no quería decir nada por temor a lo que hiciera ella. Isabel, por tanto,
continuó:
- Como sea, allá tú y tu cochina vida; y si
quieres vele a decir a Clemente todo lo que te hago, créeme que ni tú ni él
podrían hacer algo contra mí - dijo Isabel, quien con esto terminó de hablar
con Axayácatl y se dirigió hacia la escuela.
Axayácatl únicamente se quedó parado,
estático, sin expresar emoción alguna, aunque por dentro su ser estuviera lleno
de odio y con ganas de decirle algo a Isabel, pero esto no le era posible,
porque cada vez más estaba seguro de que sí, de que Isabel sí había escuchado
todo en ese día en que estaba conmigo.
Por tanto, Jérémy y yo continuábamos en la
parada del autobús.
- Clemente, responde, ¿qué te sucede?,
¿acaso conoces a los tíos de Axayácatl? – Jérémy me volvió a preguntar.
Yo no podía responder, no tanto porque
dudara o no en confesarle la verdad a Jérémy con respecto a lo del problema de
Axayácatl, puesto que eso jamás lo hubiera dicho; sino que, por el contrario,
mi perturbación y mi silencio se debía a que se me hacía increíble el que
Francisco y Rogelio hubieran estado tan cerca de Jérémy, pues sabía que, y con
base en todo lo que me había dicho Axayácatl, ellos dos hubieran sido capaces
de llevarse a Jérémy en ese momento para violarlo, cosa que no sucedió gracias
a Josef.
- No, no, yo no conozco a sus tíos, pero
seguramente sí eran sus familiares – finalmente respondí, para que Jérémy no
comenzara a dudar.
- Ya veo, bueno, ojalá hayan visto a
Axayácatl ese día, parecían muy preocupados – añadió él.
Yo tan sólo sonreí levemente, pues seguía
sorprendido por lo que me había comentado Jérémy; sin embargo, en ese momento,
Jérémy, sin titubear, me abrazó de una forma fuerte, muy tierna y dulce.
Cuando sentí su cuerpo al contacto con el
mío, sentía que el mundo se desplomaba por la emoción que me causaba estar
completamente cerca de él, era una sensación que jamás había experimentado como
tal. Una sensación única porque el chico que me gustaba me estuviera abrazando
en la calle sin ningún problema, era algo que parecía de sueño, pues tantas
veces deseé que en esta parada alguien me tomara de la mano sin importar la
gente que estaba ahí, y ahora, aunque no era la mano, era el calor de un cuerpo
el que estaba a mi lado, el calor y el cuerpo no del sol, sino de Jérémy.
Durante el abrazo yo tenía los ojos
cerrados, pero entonces, ya fuese un poder divino o la eterna preocupación de
que alguien más de la escuela nos viera, algo me hizo abrir los ojos y voltear
hacia arriba, al puente del Metro. Entonces noté que Nestor se acercaba justo
hacia donde nosotros estábamos.
- Jérémy – en seguida me alejé de él -,
Nestor, él viene hacia acá – le comenté asustado.
Jérémy de inmediato volteó a ver hacia al
puente, y, en efecto, Nestor ya se acercaba cada vez más, aunque parecía que no
se había percatado del abrazo entre nosotros dos.
- Diablos, seguramente Isabel lo mandó a
buscarme. Clemente, debo de irme, por favor vete con cuidado y muchas gracias
por tu compañía – Jérémy entonces, sin darme la oportunidad a que yo le
respondiera algo, se apresuró para acercarse hasta Nestor, yo tan sólo miré
cómo se alejaba, así que finalmente subí a mi camión.
Tiempo después, cada uno de nosotros llegó
a sus respectivas casas. Axayácatl, por su parte, como estaba muy confundido y
asustado con lo de Isabel, a la vez que preocupado y angustiado por lo de
Francisco, no quiso saber más de nadie y por ello, en cuanto llegó a su hogar,
lo primero que hizo fue irse a su cuarto para encerrarse en él.
Xochimitl e Inés, que se encontraban en la
cocina, se percataron de esto.
- ¿Axayácatl? – Inés dejó de hacer por un
momento lo que hacía para la comida para así subir al cuarto de su hermano.
- No, no lo hagas Inés, seguramente tuvo un
día cansado y tiene miedo por lo de Francisco – expresó Xochimitl -, lo mejor
es dejarlo solo.
Inés volteó en dirección al cuarto de su
hermano, pero había algo en ella que no la convencía acerca de que sólo fuera
el problema de Francisco, pues aquello no había hecho que Axayácatl se
encerrara en su cuarto, por lo que Inés sospechó que esta actitud de su hermano
se debía a otro problema.
El día había transcurrido su curso, y no
hubo otro acontecimiento trascendente qué contar, cada uno continuaba con sus
labores, Jérémy decidió ignorar los reproches de su hermana para no ocasionar
problemas conmigo; en tanto que yo, aunque quería hablarle a Axayácatl para
comentarle lo que me había dicho Jérémy con respecto de sus “tíos”, no pude
hacerlo, pues estaba la hermana de mi padre ahí, lo cual me impedía hacer lo
que quería hacer.
Llegó entonces el siguiente día. Era plena
mañana, alrededor de las 10 a.m, en la casa de Axayácatl únicamente se
encontraba Xochimitl, puesto que Axayácatl estaba en la escuela, Juan todavía
estaba en el trabajo, e Inés, por encargo de su madre, había ido al mercado
para comprar las cosas de la comida, Inés tenía aproximadamente 15 minutos de
irse.
En ese momento tocaron a la puerta de la
casa.
- Vaya, pero qué rápido fue Inés al mercado
- dijo Xochimitl mientras se acercaba a la puerta. Ella la abrió para así
encontrarse con Francisco y Rogelio afuera…
Capítulo XXX
La
puerta se abrió y la historia continuó. Francisco y Rogelio, al ver a Xochimitl,
sonrieron de forma malévola, entonces ellos entraron a la casa.
- Vaya, pero qué sorpresa, estás completamente
sola Xochimitl - comentó Francisco al tiempo que llegaba a la sala.
- Sí, lo estoy - dijo Xochimitl totalmente
asustada mientras cerraba la puerta de la casa.
- Sí cierto, ahora tu preciado hijo está en
la escuela, ¿no es así? – añadió Rogelio.
- ¿Qué se les ofrece? - preguntó Xochimitl
con un tono muy serio, sin embargo, el miedo que invadía su cuerpo y su alma
era mucho mayor, pues por dentro estaba totalmente temerosa de que Francisco y
Rogelio, de la nada, se hubiesen aparecido justo en el momento en que ella se
encontraba sola.
Francisco, al escuchar la pregunta de
Xochimitl, se acercó lentamente hacia ella.
- Mira Xochimitl, te vamos a ser sinceros
como siempre lo hemos sido Rogelio y yo. Y es que creemos que tú y tu familia
planean algo contra nosotros, y no creas que lo pensamos así de la noche a la
mañana, oh, no, no; realmente ya son varios días en los que no nos han hablado,
ni siquiera se han aparecido por los rumbos en que suelen estar, por eso suponemos
que ustedes no quieren salir, no sólo por el miedo que injustamente nosotros
siempre les hemos inspirado, sino también porque estamos casi seguros en que están
pensando algo extraño con respecto a lo que le pedimos a Axayácatl para salvar
su vida; además – Francisco entonces volteó a ver a Rogelio -, resulta que
nosotros ya los extrañamos.
Xochimitl, al oír esto, quedó completamente
sorprendida y petrificada por las sospechas que tenían Francisco y Rogelio,
puesto que no estaban nada alejadas de la realidad. Xochimitl no sabía qué
contestar, pues temía en que si decía algo, ellos fueran a confirmar todavía
más acerca de lo del plan que tenían contra ellos; sin embargo, en ese momento
a Xochimitl le vino un temor todavía peor, y era el que Inés fuera a regresar
en ese preciso momento del mercado, porque entonces así no habría la necesidad
de que ella comentara algo para darles la razón a Francisco y Rogelio acerca de
lo planeado, pues la sola presencia de Inés haría confirmar las cosas.
- No sé de qué hablas Francisco- contestó,
sin pensarlo, Xochimitl.
- Xochimitl querida, por favor, tú sabes
que mentir te puede salir muy caro en esta vida – Francisco entonces sacó su
pistola.
La mujer comenzó a temblar al ver el arma
justo enfrente de ella.
- Compañero, para mí que sí nos oculta algo,
mira cómo tiembla la pobre - dijo Rogelio mientras se sentaba en el sillón de
la sala.
Xochimitl comenzó a sudar frío debido a la
presión y al gran temor que tenía en ese momento, pues ellos dos ya se habían
dado cuenta de su miedo.
- Cierto Rogelio, esta india nos oculta
algo junto con su familia; sino, dime Xochimitl, ¿por qué tu hijo no nos ha
hablado para decirnos si ya consiguió a la víctima del viernes?
- Francisco, te juro que no sé de qué
hablas – volvió a repetir la madre.
- ¡Déjate de mamadas!, ¡Ya sé que ustedes
nos quieren tender una trampa!, ¡Malditos indios mugrosos! - Francisco gritó
enojado y con la pistola golpeó a Xochimitl en la cara. Ella cayó al suelo y
Francisco se agachó para tomarla del cabello - ¿Qué es lo que traman maldita?,
¡Qué traman!
- ¡Nada Francisco, nada!, ¡por favor ya no
sigas! – decía e imploraba Xochimitl mientras le salía sangre de la herida que
le causó Francisco en la cabeza.
- ¡A mí no me engañas hija de perra!,
¡habla o te parto la madre! – volvió a decir Francisco, ahora más enojado.
- ¡No por favor, en serio que digo la
verdad! – exclamó Xochimitl, quien trataba de quitar la mano de Francisco de su
cabello.
Francisco se desesperó por la actitud de
Xochimitl, así que él azotó varias veces la cabeza de la mujer en el piso.
- ¿Segura que no vas a decir nada? – volvió
a preguntar Francisco mientras jalaba el cabello de Xochimitl para que la cabeza
de ella estuviera arriba.
Evidentemente Xochimitl no podía decir nada
debido a los golpes que le dio el hombre, tan sólo podía llorar y clamar por su
vida; entonces Francisco volvió a azotar a la mujer en el piso. Tras esto, él se
paró y le dio una patada en las costillas.
- ¡Escúchame bien cabrona, o hablas o te
suelto un puto plomazo! – Francisco apuntó con su pistola a Xochimitl, quien se
encontraba con mucha sangre en el rostro.
- Cámara compa, mejor quiébrale este plato,
hazla sufrir más – exclamó Rogelio al mismo tiempo que le pasaba un plato a su
compañero.
Francisco hizo lo sugerido y le quebró el
plato en la cabeza a Xochimitl, ella ya no podía más, lloraba descomunalmente y
trataba de levantarse, pero le era imposible, toda su cabeza sangraba y
aquellos golpes la habían dejado sin coordinación. Entonces, Francisco volvió a
apuntar con la pistola a Xochimitl y le dijo:
- Ya valiste verga india mugrosa, te voy a
mostrar cómo trabajamos Rogelio y yo en estas cosas.
Realmente Francisco si estaba decidido a
matarla, él estaba tan enojado que no dudó ni un momento en hacerlo, pero en
ese momento la puerta de la casa se abrió.
- Ya llegué mamá, perdona por la tardanza,
pero es que las cosas de la ciudad están muy caras - era Inés quien decía esto
mientras entraba lentamente y con la vista hacia abajo a causa de la gran bolsa
de mandado que se le había atorado un poco en la entrada. Entonces ella cerró
la puerta y al momento de alzar su vista hacia la sala, encontró tirada a su
mamá en el suelo y con mucha sangre en el piso. A lado de ella estaban Francisco
y Rogelio, ambos se encontraban sorprendidos por ver a Inés en la casa.
Inés, como si no le hubiese puesto importancia
a la presencia de Francisco y Rogelio, soltó la bolsa de mandado y corrió hasta
donde estaba su mamá.
- ¡Mamá!, ¡Mamá!, ¡Reacciona por favor! –
comenzó a decir desesperada ella.
- ¿Inés aquí?, ya veo que realmente sí
traman algo - dijo Francisco todavía sorprendido.
- ¿Qué le hicieron a mi mamá malditos
bastardos? - gritó Inés mientras abrazaba a su madre en el suelo.
- Querida Inés, tanto tiempo sin vernos y
nos gritas de esa forma, ¿no te parece que eso es un acto de descortesía? - respondió
cínico Francisco.
- ¡Eres un maldito cerdo estúpido! – dijo Inés
sin pensarlo. Entonces se levantó y se puso enfrente de Francisco.
- Calmada Inés, tan sólo vinimos a hacerle
unas preguntas a tu mamá, pero ella no cooperó mucho que digamos, y pues bueno,
éste fue su premio – dijo Francisco mientras volteaba a ver a Xochimitl.
- ¡Eres un bastardo! – de inmediato expresó
Inés al mismo tiempo que le dio una gran bofetada a Francisco.
- ¡Maldita puta! - enojado dijo Francisco y
apuntó con su arma a Inés.
- ¡No, no por favor, a mi hija no! - Xochimitl
gritó desesperada.
- Lo
lamento Xochimitl, pero tú sabes que quien me toca de esa forma, no vive para
contarlo.
- ¡Vamos, hazlo!, el disparo sonará en toda la
colonia y de inmediato vendrán los vecinos a ver lo que pasó – Inés retó a
Francisco.
- ¡Eres una hija de…! – expresó Francisco
mientras se contenía para dispararle a Inés.
- ¡Compadre, no lo hagas!, la tonta de la
Inés tiene razón – añadió Rogelio.
Francisco alejó por completo el arma de la
cara de Inés.
- A
esta pendeja me la echo después - entonces Francisco y Rogelio se acercaron a
la puerta –. No crean que esto se quedará así – dijo Francisco y finalmente
ambos se salieron de la casa y cerraron la puerta.
Inés tan sólo esperó a que Francisco y
Rogelio cerraran la puerta para volverse acercarse a su mamá.
- ¡Mamá!, ¡Mamá!, por favor responde –
expresó Inés desesperada.
- Inés… Inés… - apenas podía hablar
Xochimitl.
- Espera aquí mamá, voy a traerte un vaso
con agua – Inés entonces se levantó, y cuando ya iba a dirigirse a la cocina,
Xochimitl jaló como pudo el vestido de Inés para detenerla.
- Hija, ellos lo saben – con pocas fuerzas
finalmente dijo la madre.
- ¿Qué?, ¿qué es lo que saben mamá? – Inés se
detuvo.
- Ellos sospechan del plan, tenemos que
decírselo a Axayácatl, Clemente puede morir.
Inés se quedó sorprendida ante esta
confesión de su madre.
- Por favor, diles sobre lo que pasó, diles
que Francisco ya lo sabe – entonces Xochimitl quedó inconsciente.
Al mismo tiempo que esto acababa de suceder;
por otra parte, en la escuela, Isabel y Angélica se encontraban hablando en su
salón.
- Angélica, ya no sé cómo le puedo hacer
para que el tonto de Axayácatl le diga a Clemente sobre todo lo que le he
hecho, pareciera como si el indio tuviera miedo de decir todo lo que le hago.
- ¿Por qué mejor ya dejas así todo esto
Isabel?, después de todo, si es que a Clemente realmente le gusta Jérémy,
sabemos que tu hermano jamás le hará caso; y pues Axayácatl es lo de menos, ni
quién le haga caso al mugroso indígena – opinó su amiga.
-
¡No!, esto no se puede quedar así Angélica, ¿no te das cuenta que si Clemente
se atreve si quiera a abrazar a mi hermano y alguien los ve, la reputación de
mi hermano caerá? – expresó Isabel para así ocultar la verdad de su hermano.
Angélica se quedó callada por un momento,
entonces finalmente exclamó:
- Tienes la razón; pero, si quieres
conseguir tu objetivo, creo que tu plan no servirá de nada.
- ¿Qué?, ¿lo crees así? – sorprendida expresó
Isabel.
- Sí, seguramente Axayácatl no dice nada
por lo mismo de que es un hombre y a los hombres no les gusta decir que una
mujer los molesta, lo que tienes que hacer es pensar: Axayácatl es un pobre
indígena de pueblo, ¿no?
- Sí, eso es lo que es; ¿eso qué?
- Bueno, pasa que como indígena él no debe
de tener tanta apertura o tolerancia en aspectos como la religión, la política,
la sexualidad y demás, puesto que es un indio de pueblo y no conoce otras cosas
más que lo que él sabe; por tanto, debe pensar que la homosexualidad es algo
malo que castiga Dios, por eso es que debe repudiar a los homosexuales; por
tanto, lo que debes de hacer, amiga, es decirle a Axayácatl que Clemente es
gay.
Al escuchar esto, Isabel sonrió con suma
satisfacción…
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