sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo XXXI-XXXII



Capítulo XXXI

Isabel se encontraba completamente satisfecha por esto que le había comentado Angélica, realmente era un plan que le parecía bastante atractivo, puesto que así lograría separarme de Axayácatl como de Jérémy. Ahora lo restante era saber el cómo sería el proceso de tal acción.

    - Has dicho unas palabras sabias y llenas de gran astucia amiga, me has dado la mejor de las ideas de este mundo – expresó Isabel muy alegre -; pero ahora la duda es: ¿cómo podré hacerle para lograr eso?, he molestado tanto al mugroso indio ese, que seguro no me querrá escuchar cuando le intente hablar.

    - Bueno, evidentemente ya no debes insultarlo ni agredirlo para nada, eso se acabó; por el contrario, con decirle a Axayácatl que Clemente es homosexual los alejarás a ambos, pero falta que tu hermano se aleje de Clemente, para eso, podrías confesarle a Axayácatl lo que Clemente siente por Jérémy y, así, seguramente el pobre indígena irá a decírselo a Jérémy.

    Isabel, que escuchaba con mucha atención la opinión de Angélica, no paró de sonreír en todo el tiempo en que Angélica habló, pues realmente Isabel estaba no feliz, sino completamente alegre por esta nueva idea, estaba excitada, y ella, que deseaba como nadie acabar con aquellos que estaban interesados en su hermano, pensó en otra opción, basado en lo dicho por su amiga, para así acabarme por completo. 

    Ambas amigas continuaron su conversación, pero no es prudente darle continuidad, por ahora, a tal planificación que ellas formulaban.

    Así pues, sucedió que nuestro grupo tuvo una hora sin clase. 

Jérémy me había pedido que lo acompañara a caminar por el patio mientras el prefecto no estaba en el pasillo. Evidentemente no me negué para ir con él. Ambos caminábamos por el área que está justo enfrente de todos los salones de tercer año.

    - Espero que tu hermana no se haya enojado más por lo de ayer Jérémy -expresé preocupado.

    - Qué va, no debes preocuparte por ello Clemente, Isabel es una loca – él expresó sin pena alguna.

    - No le digas así a tu hermana, ella parece ser una buena persona, sólo que tal vez se preocupa demasiado por ti – comenté con amabilidad.

    Jérémy, al escuchar esto, sonrió debido a mi comentario, como si hubiese agradecido el hecho de que yo opinara así de Isabel.

    - Tal vez tengas razón, ella realmente me quiere proteger, pero a veces creo que no sabe el cómo hacerlo; en fin, tú no debes preocuparte por si ella llega a comentarte algo, pues yo siempre estaré contigo, Clemente.

    Lo dicho por Jérémy me tranquilizó de sobremanera, pues sabía que entonces podía contar con él en el dado caso de que Isabel comentara algo sobre el primer día en que nos vio a Axayácatl y a mí; pues a pesar de que pensaba que Isabel no podía ser tan mala, por el contrario, coincidía con Jérémy en cuanto a de que a veces ella no sabía cómo cuidar de su hermano.

    Después de que dejamos un poco en claro lo que creíamos sobre Isabel, y ahora que nos encontrábamos solos, decidí pues, aunque con pena, preguntarle algo a Jérémy que desde el primer día en que llegó a la escuela quise saber, y era precisamente el por qué había venido a México a una escuela pública a estudiar, sin embargo, pensé en hacerle una pregunta no tan obvia con respecto a mi duda.

    - Jérémy… Cuéntame, ¿cómo era tu escuela en España?- expresé interesado.

    Jérémy se quedó un instante pensativo y callado, y posteriormente comentó:

    - Mi escuela… Bueno, diré esto no porque quiera verme muy opulento, no pienses eso Clemente, sino que bueno… Realmente era así. Mi escuela de España era una de las más costosas y privilegiadas del lugar en donde vivíamos, no había tantos alumnos como los hay aquí, por tanto, todos sabíamos los nombres de todos; sin embargo, el ambiente era algo pesado, sobre todo por los grupos que se creían “populares”. Era una escuela particular, y aunque era muy buena, no me sentía identificado en ella.

    - Y... Entonces… si ibas en una escuela privada en España, ¿Por qué quisiste venir a una escuela pública como ésta y no a una privada de las que hay aquí en México?, ¿hubo problemas en tu escuela anterior? – pregunté un tanto extrañado al no encontrar relación en la expresión de Jérémy y la realidad. 

    La reacción de Jérémy ante mis preguntas fue quedarse un momento en silencio, él hizo una expresión de tristeza, como si mis cuestiones le hubieran recordado algo del pasado que no quería traer al presente.

    - ¡Jérémy!, perdona, si no quieres hablar del tema yo lo entenderé muy bien, perdona en verdad – hablé en cuanto me percaté de lo que pasaba.

    - No Clemente, no hay nada que deba perdonarte – en seguida él repuso -, tú sabes que no me molestan tus preguntas, al contrario, es agradable ver que te interese mi vida, eso es parte de la amistad ¿no es así? – él me sonrió amigablemente, yo también lo hice al ver su reacción, y posteriormente Jérémy dio un suspiro y continuó –. Te contaré lo que sucedió. Sí, en realidad tuve un problema en mi escuela. Como te comenté antes, mi escuela era muy pequeña, así que todos nos conocíamos y por tanto sabíamos alguna que otra cosa del otro; eso terminó por afectarme a mí, pues al finalizar el año escolar corrió un fuerte rumor acerca de otra persona y yo, por eso decidí irme de ahí. Cuando a mi madre le ofrecieron el trabajo aquí en México, fue una buena oportunidad para excusar el que yo quisiera venir para acá y así dejar esa escuela. Una vez que llegamos y que me enteré que había una escuela pública muy cerca de la casa, grande, y con muchos alumnos, decidí inscribirme aquí a preferir otro colegio privado en donde tuviera que vivir oculto de los demás.

    Ahora entendía gran parte del pasado de Jérémy y del por qué él se había quedado en esta escuela, parecía que allá en España había tenido momentos dolorosos; pese a esto, aún quedaba una duda en mí, y era que: ¿Qué podía ser ese rumor que le habían inventado?, ¿y con qué persona?, pese a mis dudas, decidí no externarlas, pues sería muy obvio mi interés, a excepción de una:

    - Comprendo; y por eso Isabel decidió venir también contigo, ¿verdad?

    Jérémy volvió a sonreír por mi duda.

    - Escucha Clemente – él se detuvo, por lo que yo también lo hice -; te contaré algo que no le he dicho a nadie, ni si quiera a mamá. La verdad es que Isabel decidió venir aquí a México, y a la misma escuela que yo, porque ella también se enteró de ese rumor mío allá en España, y estoy seguro que tan sólo decidió viajar hasta acá para tenerme vigilado en todo lo que haga.

    Tras escuchar esto, quedé completamente sorprendido. Mi mente entonces pensó: ¿tendrá algo que ver esa preocupación y vigilancia de Isabel por Jérémy, con Axayácatl y yo como para que ella nos odie tanto a los dos?

    Al mismo tiempo que esto acontecía entre nosotros, por su parte, Axayácatl se encontraba solo en el barandal que está enfrente de nuestro salón. Él nos observaba a Jérémy y a mí conversando, pero realmente Axayácatl tan sólo nos miraba, pues en su mente sólo había un pensamiento.

    - <<Estoy muy nervioso por lo que pasará el viernes con Francisco y Rogelio -pensó Axayácatl -. Si por mala suerte falla el plan, sin duda Clemente y yo resultaremos asesinados, al igual que mi familia y hasta la de Clemente. Todo depende de un hilo, la muerte o la salvación pueden estar muy cerca – entonces Axayácatl tuvo un momento sereno en medio de esos pensamientos, pero de pronto, cual volcán que a veces parece serenarse y posteriormente estallar con toda fuerza, él prosiguió - ¡Cómo odio a Francisco y a Rogelio!, por tanto tiempo nos han hecho daño, no entiendo cómo es que pueden hacer todo lo que hacen, cómo es que pueden tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo, y peor aún, que éstas sean menores que ellos.>> ¡Odio a los homosexuales! - esto último lo dijo en voz alta debido al tanto coraje que tenía dentro de sí y contra ellos. Él creyó que nadie estaba a su alrededor y por eso se expresó así, pero Axayácatl se equivocó.

    - Yo también los odio - dijo una voz por atrás. 

    Cuando Axayácatl escuchó que alguien se encontraba justo atrás de él, y que esa persona lo había oído como para haber expresado eso, él sintió temor al mismo tiempo que pena, no quería voltear para ver de quién se trataba por miedo a ver quién había sido el que lo había escuchado en tan severo juicio. Finalmente él se armó de valor para voltear, así lo hizo, y entonces se sorprendió aún más al ver que esa persona era Isabel, misma que no pudo pedir un mejor momento para abordar a Axayácatl en lo que ella y Angélica habían tramado antes. 

    Axayácatl empezó a temblar cuando se percató que era ella, y él tenía la intención de meterse al salón para que así Isabel no pudiera molestarlo como solía hacerlo.

    - Tranquilo Axayácatl, no vengo a hacerte algo; al contrario, me ha parecido muy interesante lo que acabas de decir con respecto a los homosexuales - dijo Isabel con tono misterioso.

    - ¿Qué? – expresó muy extrañado él debido a la actitud de Isabel.

    - Veo que después de todo tú y yo tenemos algo en común, y es precisamente ese odio hacia los homosexuales – Isabel miraba fijamente a Axayácatl.

     - No me interesa lo que tú opines Isabel – expresó Axayácatl, quien no estaba en la disposición de escuchar a Isabel, y él estuvo a punto de irse, pero entonces ella lo tomó del codo.

    - Creo que te interesará saber lo que opino cuando te digo que tengas cuidado con los que andas, porque hasta en ellos puede estar.

    - ¿Cerca de mí, de quiénes hablas?, ¿qué puede estar con los que estoy? -espantado habló Axayácatl.

    - Tú sabes a qué me refiero, esos homosexuales pueden estar en cualquier lado, a veces sin que uno se percate de ellos. Son en verdad una plaga que se extiende poco a poco y que nos hace daño a todos, son seres perversos que no buscan más que el sexo, ellos no tienen sentimientos; y al parecer, tú no te has dado cuenta que muy cerca de ti tienes a dos personas que practican ese pecado.

    Axayácatl se sorprendió todavía más por las palabras de Isabel.

    - ¿Quiénes son esas personas? – preguntó él con sorpresa.

    Isabel entonces, en un movimiento natural y sin duda, volteó para fijar su mirada en Jérémy y yo, que todavía nos encontrábamos hablando en el patio que estaba justo enfrente de ellos. Así ella le dio a entender a Axayácatl que hablaba de nosotros dos, él también nos volteó a ver.

    - Es claro que hablo de Jérémy y Clemente - prosiguió Isabel. Axayácatl se sorprendió tanto al escuchar esto, que al oírlo abrió sus ojos por la sorpresa -. Tan sólo míralos ahora, ¿no notas algo raro en ellos?

     - ¿Raro?

     - Vamos, usa la imaginación, ¿acaso no se te hace raro que esos dos siempre estén juntos?

    Axayácatl guardó silencio un momento mientras no nos quitaba la mirada de encima, parecía que frente de sí tuviese al mismo demonio, pues nos miraba con temor, mucho temor; entonces, de pronto, su mirada pasó de temor a una de odio, y de vernos como seres humanos, nos veía ahora como una plaga.

    - ¿Estás segura que ellos dos son homosexuales? – todavía con esperanza de escuchar lo contrario, preguntó él. Axayácatl volteó a ver fijamente a Isabel.

    - Completamente segura, tan sólo piensa, Clemente no le habla a casi ningún niño, a excepción de ti y Josef, pero realmente muy poco; sin embargo, cuando está con Jérémy habla más y hasta se alejan de los demás, siempre tratan de ocultarse de los otros cuando deciden estar juntos, como si ocultaran algo, como si ocultaran su amor. Además, ten en cuenta que yo no vendría a decirte esto porque sí y sin fundamento alguno, más aún si mi hermano está involucrado. Te he dicho esto por lo que acabo de oír sobre tu odio con los homosexuales, por tanto te diría que te anduvieras con cuidado con esos dos, más con Clemente.

    Axayácatl volvió a voltear para vernos, en su mirada se veía la completa seguridad de que lo que le acababa de decir Isabel lo había creído, nos veía con desprecio, con temor, con una mirada que expresaba el dolor de una traición y el rencor de una verdad oculta de parte de sus amigos, sobre todo de mí, su mejor amigo.

    - Medítalo Axa, yo sólo te quiero advertir sobre ellos, porque tú sabes que no son como nosotros – tras decir esto, Isabel se alejó de Axayácatl, quien no podía dejar de ver a Jérémy y a mí.

Capítulo XXXII

Mientras Isabel se alejaba de Axayácatl, ella sonreía de satisfacción, pues, en efecto, el plan que había ideado con Angélica ya lo había llevado a cabo, y lo que era mejor para ella, de una forma que le convenía. Pues al delatar la sexualidad de su hermano y sobre la supuesta relación entre él y yo, haría que Axayácatl se alejara de Jérémy como de mí, y así sacar ventaja en todo aspecto; sin embargo, decirle a Axayácatl lo que sucedía entre nosotros no era todo el proyecto de Isabel, no, ella tenía otro as bajo la manga, uno que todavía no planeaba usar hasta ver los efectos de lo que acababa de hacer.

    - ¿Será verdad lo que dijo Isabel sobre que Jérémy y Clemente son homosexuales? – se preguntó Axayácatl, realmente en él todavía había una pequeña esperanza de que lo que le había dicho Isabel fuera mentira, aunque, en ciertos momentos lo creía. Su mente era un caos total -. Lo mejor será averiguarlo por mí mismo. – finalmente él entró al salón.

    Mientras tanto, Jérémy y yo también ya íbamos en camino rumbo al salón. En ese transcurso de camino él me dijo lo siguiente:

    - Clemente, debo decirte con toda sinceridad que eres una gran persona, me encanta estar contigo, me haces muy feliz.

    Estas palabras que dijo Jérémy me pusieron muy contento en todos los sentidos, significaba tanto para mí que él, la persona que más me gusta y por la cual mi corazón latía todos los días, me dijera esto. A veces me parecía tan cercano el hecho de pensar que él sí estaba interesado en mí. 

    - Gracias Jérémy. Quiero que sepas que tú también me pones muy feliz, el que hayas llegado a la escuela fue algo que cambió mi  vida – aunque nervioso, respondí con toda sinceridad.

    Finalmente ambos llegamos al salón. El día de escuela pasó de manera rápida y sin acontecimiento relevante alguno, así que todos regresamos a nuestras casas. 

    Axayácatl llegó a su hogar. Él estaba muy preocupado al mismo tiempo que confundido no sólo por lo del problema con Francisco, sino que también por lo que Isabel le había confesado el día de hoy, era este momento de su vida una avalancha de conflictos para su existencia, y él no deseaba hablar nada al respecto porque realmente quería demostrar una actitud de valentía ante los demás, una actitud que nunca antes había demostrado. Él al entrar a su casa, tan sólo saludó a su mamá y a Inés, sin enterarse de nada de lo que había pasado entre ellas y Francisco. Los tres se sentaron a comer.

    Durante su comida todos estaban muy callados. Axayácatl por sus problemas, Inés y Xochimitl porque ocultaban lo que había sucedido con Francisco en la mañana. Entre Inés y Xochimitl había muchas miradas de conspiración pero también de miedo y de necesidad de expresar ese miedo, ambas sabían que debían confesarle lo sucedido a Axayácatl, pero ninguna de las dos tenía el valor para abordarlo.

    - Axayácatl – finalmente habló Xochimitl. Axayácatl, cual si hubiese despertado de un sueño, se alteró al escuchar la voz de su mamá -, he pensado muy bien y creo que lo mejor sería que le hablaras a Francisco.

    - ¿Tú crees que sea lo mejor? - respondió Axayácatl sorprendido.

    - Sí hijo, tienes que hacerlo - añadió nerviosa la madre.

    Inés tan sólo miraba a su mamá y a su hermano sin decir nada, pues conocía la razón por la cual Xochimitl le pedía eso a Axayácatl.

    - Pero no creo que Francisco sospeche algo, yo un día antes del viernes le hablaré para decirle que conseguí a alguien en el último momento – muy seguro expresó Axayácatl.

    Xochimitl al escuchar esto de su hijo, volteó a ver a Inés con mirada nerviosa ante la severidad que demostraba Axayácatl. Entonces con mucho temor, y casi temblando, la madre dijo:

    - Bueno hijo, es que…

    - Es que Francisco ya sospechó todo Axayácatl – interrumpió Inés a su madre al ver el nerviosismo de ésta.

    Cuando Axayácatl escuchó las palabras de su hermana, soltó los cubiertos de sus manos y volteó a ver a Inés.

    - ¿De qué hablas? – temeroso preguntó.

    - Como lo oyes, Francisco ya lo sabe todo. Él estuvo en la mañana aquí, vino a amenazar a mi mamá y a decirle que se le hacía muy raro de que tú no les hayas hablado ni una vez para decirles que ya tienes a alguien o, al menos, para decirle que estás en eso; eso despertó sus dudas y está seguro que estamos tramando una trampa para ellos – respondió muy seria Inés.

    - ¿Que Francisco qué? – preguntó Axayácatl sorprendido -, no puede ser, ¿te hicieron algo mamá?, ¿te lastimaron o te hirieron?

    - Eso es lo de menos hijo – apenada respondió su madre.

    - ¿Cómo que lo de menos?, por favor, dime qué te hicieron.

    - La verdad Axayácatl, Francisco y Rogelio sí lastimaron gravemente a mi mamá, ellos vinieron cuando yo me fui al mercado, por lo que mamá estaba sola. Por las heridas no te preocupes, yo la curé durante la mañana para que estuviera mejor, pero debes saber que estuvieron a punto de matarla. Es por eso que ella te pidió que le hablaras a Francisco para que no sospeche más, o de lo contrario, nuestro plan ya no funcionará – volvió a hablar Inés.

    - No, hijo, mejor esto del plan ya no debe continuar – nerviosa habló Xochimitl.

    - ¿Cómo que no debe continuar? – sorprendido preguntó Axayácatl.

    - Es que ellos ya sospechan; perdón, pero creo que no funcionará lo que habíamos pensado.

    Axayácatl se quedó pensativo ante las palabras de su mamá, sin embargo Inés, al ver el silencio de su hermano, repuso:

    - No, el plan debe continuar.

    Xochimitl y su hermano en seguida la voltearon a ver.

    - ¿Qué dices hija?

    - Sí madre, el plan no se puede detener ahora. Sé que Francisco y Rogelio ya sospechan sobre una trampa, y que por tanto estarán muy preparados para ello, pero también piensa: ¿Por qué ellos quisieron y tuvieron la decisión de matarte hoy mismo?, nunca antes Francisco había tenido una decisión para eso. Aunque antes nos amenazaban, jamás habían llegado a estos límites, eso indica que ellos también tienen algo en mente, desean hacernos algo después del viernes, lo sé porque cada vez son más violentos con nosotros, con Axayácatl, y eso indica que de algo tienen miedo; además, ellos ya me vieron aquí con ustedes, lo cual hace afirmar que sí planeamos algo, tanto ellos como nosotros sabemos que de ambas partes hay algo tramado, sólo falta que uno mueva la pieza definitiva, y seremos nosotros.

    Axayácatl volteó a ver a su mamá, pues con esta mirada expresaba el total apoyo en la opinión de Inés, entonces Xochimitl habló:

    - Está bien, continuemos con el plan; pero eso sí, ni una palabra de esto a su padre, porque él es capaz, por su enojo, de acelerar todo lo que hemos planeado, así que por favor manténganse callados.

    Ambos hermanos se sonrieron entre ellos y asentaron la cabeza para aceptar la condición de su madre.

    - Axayácatl, háblale en seguida a Francisco para decirle que ya tienes a alguien para el viernes, de esa forma él pensará que en verdad tenemos miedo como para haber recibido, en este mismo día, una llamada de tu parte.

    Axayácatl obedeció a su madre, él entonces subió a su recámara para hablarle a Francisco. El teléfono de Francisco sonó y él contestó.

    - Francisco, soy Axayácatl, te hablo para decirte que ya tengo a la persona que te prometí llevar el viernes - en seguida, fingiendo un tono muy temeroso, le dijo Axayácatl a Francisco.

    - Axayácatl, tanto tiempo sin hablar que ya te extrañaba. Realmente lo que acabo de escuchar me pone muy de buenas, parece que la visita que le hice hoy a tu mamá sirvió de mucho – respondió burlón Francisco.

    - Sé lo que pasó hoy, por favor no nos hagas más daño, en verdad que no tramamos nada, por eso te llamo para avisarte que por fin conseguí a la persona para el viernes – Axayácatl continuaba en su táctica de fingir todo lo que decía.

    - Mi Axayácatl, cómo me encanta que seas nuestro perro fiel; yo sé que en verdad estás nervioso por lo del viernes, pero tranquilo, yo no sospecharé nada, y no te haré nada, si acaso tú cumples perfectamente con lo acordado. Ahora hijo, dime, ¿quién será la persona de la cuál degustaremos Rogelio y yo el viernes? – esto último Francisco lo preguntó demasiado interesado.

    - Gracias por creer en mí, no te fallaré. La persona a la cual llevaré el viernes será Clemente, Rogelio y tú tendrán a Clemente…
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