domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulos XXXVII-XXXVIII



Capítulo XXXVII

Aquella persona que nos esperaba a la entrada del edificio se veía muy misteriosa, era un hombre de alrededor de 40 años, cabello gris y corto, con un bigote del mismo color, con un rostro que tenía facciones agresivas, fuertes, que mostraban que ese hombre llevaba una vida violenta. Él tenía una mirada agresiva, con ojos de intensidad. Estaba vestido de traje gris, muy formal para estar en un edificio así de viejo. 

    Entonces Axayácatl y yo nos miramos al mismo tiempo.

    - ¿Conoces a ese tipo? – le pregunté con temor.

    - No, nunca lo había visto, pero parece que espera a alguien, y seguramente es a nosotros. – respondió Axayácatl con el mismo temor que yo.

    - Sí, de eso no hay que dudar ni un momento. Esto es un indicio de que en verdad Francisco y Rogelio ya sospecharon todo, así que hay que tener más cuidado del que habíamos pensado. – sugerí.

    - Bien, confía en mí Clemente.

    Ambos suspiramos profundamente, pues en aquel suspiro en verdad iban todos nuestros temores con respecto a lo que nos iba a pasar en poco tiempo; sin embargo, era necesario bloquear tales nervios de una vez, puesto que el mínimo error podría llevarnos a la muerte. Así, Axayácatl y yo caminamos lentamente hacia la entrada del edificio, mientras que Jérémy, que se había pasado al otro lado de la calle sin que nos percatásemos de ello, no dejaba de observarnos con detenimiento.

    Axayácatl y yo llegamos a la entrada del edificio.

    - Finalmente llegaron – expresó el hombre de la entrada.

    - ¿Cómo que finalmente llegamos? – pregunté yo extrañado - ; ¿aquí es tu casa Axayácatl? 

    - Sí Clemente, aquí es – dijo Axayácatl serio.

    - Perdona que te lo diga, pero es muy extraña; ¿quién es él? – dije mientras fijé mi mirada al hombre de la entrada.

    - Es el que cuida el edificio.

    - ¿El que cuida el edificio?, no sabía que en los edificios de departamentos hubiera gente que los cuidara.

    - Es que así lo quisimos todos los que aquí vivimos.

    - ¿Subirán o no? – preguntó el hombre molesto.

    - No te espantes Clemente, todo está bien – dijo Axayácatl como para ocultar la verdad. 

    Yo lo miré temeroso y con sospechas, pero finalmente los dos entramos al lugar. Entonces el hombre sacó su celular para hablar con Francisco y avisarle de nuestra llegada.

   - Los dos ya llegaron y ya entraron al edificio. – dijo el hombre.

   - Perfecto, ¿notaste algo raro en ellos? – preguntó Francisco.

    - Sólo que Clemente estaba muy extrañado con el lugar, él cree que aquí es la casa de Axayácatl.

    - Ya veo, hasta el momento todo va bien, pero ya veremos si no ocultan nada. Gracias, recuerda estar al pendiente por si ves a cualquiera de la familia de Axayácatl.

    - Entendido. – el hombre cortó la comunicación con Francisco.

    Jérémy había visto la llamada misteriosa que ese hombre había hecho, así como también el momento en que yo había hablado con rostro de extrañamiento. Él se espantó de sobremanera. 

    - <<¡Que la puta! - pensó Jérémy -, esto sí que es serio, Clemente parecía muy espantado y extrañado con lo que pasaba, y la llamada que ese hombre hizo no parecía muy confiable, creo que ambos se encuentran en peligro. Tengo que avisarle a algún policía sobre lo que pasa; pero creo que no podré llamar desde aquí o sino ese hijo de puta me verá, lo mejor será alejarme como si fuera cualquier persona más>>. - Jérémy tomó camino para alejarse del lugar.

   Axayácatl y yo ya casi llegábamos al departamento de Francisco.

    - ¿Estás listo? – le pregunté a Axayácatl.

    - Creo que aunque no lo estuviera, debo de estarlo. –  con nervios y con frialdad respondió él.

    - Aunque estemos en esto, debo decirte que me siento feliz por algo.

    - ¿Feliz por algo?, ¿por qué Clemente? – él me volteó a ver y me preguntó muy interesado.

    - Porque te conocí Axayácatl, y porque te convertiste en un gran amigo, mi mejor amigo, y eso es algo que jamás pensé lograr, porque generalmente yo no me llevo bien con hombres. 

    - ¿Es en serio?, no comprendo bien por qué no puedes llevarte bien con ellos, pero debo decirte, como antes te había dicho, que también me siento feliz por conocerte, y que también eres mi mejor amigo. Si algo nos pasa aquí, y no volvemos a vernos, siempre recuerda que lo que hiciste por mí es algo que me llevaré a la eternidad. – Axayácatl dijo con una leve sonrisa, la cual no podía expresar en su totalidad, debido a los nervios.

    Yo también sonreí levemente, y finalmente los dos llegamos a la puerta del departamento en el que estaban Francisco y Rogelio. Axayácatl tocó levemente la puerta y muy poco tiempo después abrieron.

    - Bienvenidos - dijo Francisco con una gran sonrisa, justo atrás de él estaba Rogelio.

    Y ahora lector es tiempo de que yo sea tus ojos en esta historia. Una vez que vi a Francisco y a Rogelio no pude evitar sorprenderme de verdad, por fin los conocía y me sorprendí por lo imponentes que eran. Francisco era un hombre alto, de piel blanca. Sus rasgos faciales expresaban mucha rudeza y maldad, al momento de verlo se notaba que era una persona con carácter rudo y agresivo, su cara me recordaba a la de la gente del norte, pues ese típico bigote negro, además de su sombrero, y ese color de piel, eran característicos de la gente de esa región. Sus ojos eran negros, profundos y lúgubres, como el de la oscuridad que envuelve a los callejones más oscuros y peligrosos de esta ciudad. Sus labios, que en ese momento dibujaban una sonrisa en su rostro, eran un tanto gruesos, en ellos ya se podía ver el paso del tiempo en el hombre, por lo que supuse que él tenía unos 50 años. Francisco tenía un estómago pronunciado, portaba una camisa azul, un pantalón de mezclilla, y usaba unas botas norteñas color café. 

    Rogelio, por su parte, era un tanto más pequeño que Francisco, era moreno y tenía también un estómago pronunciado. Rogelio, de igual manera que su compañero, tenía un bigote, pero éste era de color café. Rogelio portaba también un sombrero norteño, vestía con una camisa roja y unos pantalones de mezclilla, y también tenía botas norteñas y cafés. Él parecía un tanto menor que Francisco, sin embargo, también en su mirada y en su rostro se veía la perversidad que había en su ser.

    Axayácatl y yo entramos al lugar y nos paramos en la sala, Francisco entonces cerró la puerta. De igual forma a como me sorprendí por la apariencia de Francisco y Rogelio, así también me sorprendí por el lugar en el que estaban. Ciertamente pensé que su departamento estaría lleno de cosas, como si fuese una casa, pero no, en éste reinaba un aspecto viejo, incluso descuidado y abandonado. Era de color gris, en el fondo del mismo había sólo una cama pequeña con una cajonera vieja justo al lado. Enfrente de ella había una vela prendida que estaba en el suelo, alrededor de ella varios papeles que parecían no tener importancia. Una pequeña ventana estaba de nuestro lado derecho, misma que daba justo hacia la calle de afuera, dicha ventana tenía cortinas blancas. El lugar no tenía cocina y acaso un baño oculto, el cual no veía yo. 

    - Excelente Axayácatl, cumpliste con tu promesa. – finalmente dijo Francisco mientras me veía.

    - Y no se ve tan mal – habló también Rogelio, quien se veía muy emocionado.

    - ¿De qué hablan? – pregunté con mucho miedo.
    - Parece que el muchacho todavía no entiende nada – con risas dijo Francisco. Rogelio también reía.

    - ¿Qué pasa aquí Axayácatl? – volví a preguntar temeroso.

    - Lo siento Clemente, era necesario traerte. – dijo Axayácatl con decepción.

    - ¿Traerme?, pero, ¿en dónde estamos, qué no es aquí tu casa?

    - No, aquí es…

    - Aquí es en donde te van a violar – completó la idea Francisco.

    - ¿¡Qué!? – expresé completamente asustado, entonces retrocedí - ; ¿pero de qué hablan?, ¿quiénes son estos hombres Axayácatl?

    Axayácatl sólo me miraba con tristeza y miedo, entonces Francisco, al notar tal silencio de Axayácatl, habló:

    - No me digas que crees que somos sus tíos o algo así niño – me preguntó Francisco.

    - Axayácatl me dijo que me traería a su casa, en donde estarían sus tíos y sus papás, pero no entiendo nada – contesté con mucho miedo.

    - Ha, ha, pues el indio te engañó bien, porque ni somos su tíos, ni ésta es la casa de Axayácatl. Yo me llamo Francisco, y mi compadre que ves aquí se llama Rogelio, a los dos nos gusta divertirnos con jóvenes como tú, y con divertirnos espero que no entiendas algo como jugar, no, nos referimos a tener un buen momento de sexo.

    - No puede ser… - sorprendido exclamé, mientras volteé a ver a Axayácatl.

    Mientras tanto, afuera del lugar, Jérémy ya se había alejado lo suficiente.

    - Bien, creo que ya estoy lo suficientemente lejos para hablarle a la policía. –Jérémy sacó su celular, y cuando abrió la cubierta notó que éste estaba a punto de descargarse - ¡No puede ser, no me hagas esto por favor!, necesito hablarle a la policía, ojalá aguante para una llamada – Jérémy marcó el número de emergencia pero el celular le avisó que le quedaba poca batería, sin embargo, la llamada se realizó.

    - Policía Federal, buenas tardes – contestaron.

    - Por favor necesito de su… - el teléfono se descargó por completo. - ¡No, no, no por favor! – exclamó Jérémy enojado y desesperado. – Malditasea, necesitaré encontrar un teléfono público, pero tendré que alejarme aún más del lugar. Clemente y Axayácatl, esperen un momento. – Jérémy se apresuró para encontrar el teléfono.

    Por otro lado, en el departamento de Francisco las cosas empeoraban.

    - ¿Pero por qué Axayácatl? – pregunté de manera espontánea.

    - Porque si no lo hacía lo íbamos a matar – con tono burlón dijo Rogelio.

    - Bueno ya basta de tanta plática, vamos a comenzar – dijo Francisco enojado, pues parecía molesto con la declaración que había dado su compañero.

    En cuanto Francisco dijo eso, yo espantado corrí a la puerta para abrirla y huir, pero Francisco de inmediato me alcanzó y me agarró bruscamente cargarme.

    - ¡No, no, no por favor!, ¡Axayácatl ayúdame, no dejes que me hagan algo! – empecé a gritar desesperadamente.

    Axayácatl sólo me miraba con tristeza y resignación, pues no podía hacer nada al respecto.

    - No lo lastimes por favor Francisco – dijo Axayácatl con preocupación.

    - Tú cállate Axayácatl, y déjamelo a mí. Rogelio, hazte cargo de Axayácatl – ordenó Francisco.

    - ¿Qué?, pero yo quiero estar con el nuevo. - dijo Rogelio sorprendido por la decisión de su compañero.

    - ¡Carajo Rogelio, ahorita te paso al mocoso éste!, mientras quédate con el pendejo de Axayácatl- gritó enojado Francisco.

    - Pero lo vas a cansar y al final ni me lo vas a dejar – insistió Rogelio.

    - ¡Cabrón, ya te ordené que te lleves a Axayácatl a la cama! – Francisco sacó molesto su pistola y apuntó a Rogelio.

    - ¡Calmado compadre, ya te escuché! - Rogelio resignado se llevó a Axayácatl a la cama para tener sexo con él.

    - ¡Axayácatl, no, no dejes que me hagan algo! – yo seguía gritando mientras trataba de zafarme de los brazos de Francisco.

    - ¡Ya estate quieto mocoso! – Francisco se enojó tanto que me golpeó fuertemente en el rostro y me aventó al piso para ahí violarme, entonces él se empezó a quitar la camisa mientras yo intentaba alejarme de él, pero Francisco me jalaba con fuerza y entonces me empezó a quitar también la camisa. 

    Mientras yo ponía resistencia él seguía desvistiéndome poco a poco, y aunque mi rostro sangraba debido al golpe que Francisco me había dado, yo no dejé de notar que Francisco en verdad hacía todo sin asco ni pena alguna, lo cual me llevó a pensar en que en verdad ellos dos eran homosexuales, pero que estaban frustrados por alguna razón.

    Entre tanto, Rogelio tenía ya sin camisa a Axayácatl en la cama, él le besaba el pecho de la misma forma en como Francisco ya lo hacía conmigo. Sin que Francisco se percatara, yo veía a Axayácatl y Axayácatl también me veía a mí, ambos sabíamos lo que esperábamos, y que tiempo después ocurrió, pues Rogelio de tan prendido que estaba con tener sexo, se quitó su pantalón, en el cual estaba su arma, y lo dejó justo al lado de Axayácatl.

    Entonces Axayácatl me miró con intención, pues él ya se preparaba para empezar con el plan…

Capítulo XXXVIII

Axayácatl estaba a casi nada de realizar su primer movimiento y poder llevar a cabo el plan, él se veía ya muy seguro de aprovechar el descuido de Rogelio; pero en ese momento, Francisco me dijo:

    - Quítate el pantalón-  me ordenó. 

    - ¡¿Qué?! - desconcertado le respondí, pues ciertamente ni Axayácatl ni yo sospechábamos que Francisco quisiera ir tan rápido en el acto sexual.

    - ¡Que te quites los pantalones cabrón, o ya verás cómo te va! - me gritó enojado.

    Cuando Francisco me gritó de esa manera, yo volteé a ver, sin pensarlo, a Axayácatl, y él también me miró; Francisco se dio cuenta de estas miradas nuestras.

    - ¿¡Qué carajos andas viendo a Axayácatl eh!?, ¿Traman algo los dos verdad? – Francisco con mucha más molestia expresó.

    - ¡No, no, yo no hice nada! – dije muy asustado.

    - ¿¡Cómo de que no maldito!?, ¡Acabo de ver cómo lo mirabas!, ¡Quítate el pantalón o ya verás cómo te lo quito yo!

    - ¡Francisco por favor no le hagas nada! – gritó inesperadamente, desde el otro lado, Axayácatl.

    Al escuchar esto, Francisco volteó a ver con una mirada de furia a Axayácatl, entonces se levantó y se acercó un poco a Rogelio y a Axayácatl.

    - ¿Qué te importa a ti lo que le haga a Clemente?, no crean que no me he dado cuenta que ambos ocultan algo, así que mejor ándate con cuidado indio asqueroso, porque tu amigo va a sufrir las consecuencias. - dijo Francisco, y entonces volvió a mí y me agarró de mis muñecas para alzarme y pegarme en la pared. - ¿Esto es lo que no querías que le hiciera a tu amigo, Axayácatl? – Francisco comenzó a golpearme fuertemente en el estómago y luego en la cara; yo, aunque trataba de zafarme, no podía.

    - ¡Ya no sigas por favor!, ¡déjalo en paz! – gritaba Axayácatl al mismo tiempo que se alejó un poco de Rogelio, pero todavía sin poderse levantar de la cama.

    - ¡Mientras más grites voy a seguir pegándole al estúpido de tu amigo! – decía Francisco mientras, en efecto, me golpeaba cada vez con más rudeza en el rostro, mismo que ya tenía mucha sangre, la cual también escurría por mi cuerpo. - ¡Rogelio, ponte esa maldita arma a tu lado pendejo! – indicó Francisco y entonces me quitó los pantalones y posteriormente me aventó al piso. – Ahora sí te voy a hacer probar lo que más te gusta maldito. – él entonces se empezó a desabrochar el pantalón y posteriormente me agarró de forma agresiva y me pegó hacia él.

    Rogelio, que ya había acatado la orden de su jefe, se acercó la pistola justo al lado para no perderla de vista, aunque dicha arma todavía seguía a ojos de Axayácatl. 

    Axayácatl me veía desde su lugar y estaba espantado, pues aquello ya se había salido del plan, no contábamos con que Francisco me agrediera tan fuertemente e impidiera con ello el desarrollo del plan. Axayácatl no dejaba de ver cómo Francisco me aventaba de forma muy brusca hacia el piso una y otra vez, veía mi rostro enteramente sangrado y con pocas energías, mientras Francisco me tomaba de las piernas para empezar con el acto de penetración. 

    A Axayácatl le latía el corazón, estaba muy temeroso y Rogelio se dio cuenta de eso.

     - ¿Por qué tiemblas tanto indio idiota?, que no ves que así no puedo tocarte – dijo Rogelio, quien ya también le quitaba los pantalones a Axayácatl.

    Con las pocas energías que me quedaban le hice una señal a Axayácatl de que no se preocupara por mí y de que se enfocara en el arma de Rogelio, él entendió y empezó a gemir con excitación a la vez que con molestia ante las caricias de Rogelio.

    - Eso, eso es lo que me gusta, que te quejes así – dijo Rogelio más excitado, con lo que empezó a tocar y a besar a Axayácatl bruscamente, y con ello desatendió su arma, misma que empujó un poco debido a los movimientos que hacía.

    Axayácatl y yo sabíamos que éste era el momento.

    Jérémy, por otro lado, ya había encontrado un teléfono público a varias calles del edificio en donde Axayácatl y yo estábamos; pero cual si fuese un asunto de tragicomedia, aunque enteramente así funcionen las cosas en México, cuando Jérémy descolgó la bocina del teléfono se dio cuenta que el cable de éste estaba cortado.

    - ¡Que la puta!- gritó enojado-, ya me alejé bastante del edificio de donde están ellos como para buscar otro teléfono de donde pueda marcar, porque puede que ahorita les estén haciendo algo; pero si no voy a buscar un teléfono no habrá forma de avisarle a la policía de lo que pasa.

    En ese momento un joven blanco y con cuerpo atlético pasó justo al lado de Jérémy.

    - Disculpa amigo, ¿sabes en dónde puedo encontrar un teléfono público?, me urge bastante hacer una llamada. – dijo Jérémy muy alterado.

    - ¿Un teléfono público?, creo que por aquí no hay muchos, tendrías que ir hasta la otra colonia, y eso te tardaría como 20 minutos – respondió el chico.

    - No, no puedo esperar tanto, en verdad necesito hacer una llamada; sé que me tomarás de loco, ¿pero podrías permitirme marcar desde tu teléfono?, es de vida o muerte, por favor.

    El chico miró de forma extraña a Jérémy, y de inmediato notó que él era extranjero.

    Al mismo tiempo que Jérémy intentaba hablar a la policía, Inés recién acababa de llegar a la estación Aragón, por lo que le faltaba un poco más para llegar al departamento de Francisco. Ella les habló a sus papás para decirles en dónde se encontraba.

    - Papá, ya estoy en la estación Aragón, ¿están seguros que el Metro no me deja cerca del lugar? – preguntó Inés.

    - No hija, el Metro te alejará mucho justo de la calle en donde están ellos dos. –indicó Juan.

    - Muy bien, entonces tomaré el camión.

    - Sí, y recuerda que hasta que Axayácatl te llame tú le avisarás a la policía, porque sino los pondrás en peligro.- le recordó Juan.

    - Sí, yo esperaré a que él me llame - dijo Inés y al tiempo colgó el teléfono.

    Mientras todo eso pasaba en el exterior, en el departamento Axayácatl y yo esperábamos el momento más indicado para lograr nuestro objetivo. Axayácatl continuaba con sus sonidos de excitación, y Rogelio parecía ya haber olvidado el arma, pero en ese momento Axayácatl hizo un movimiento no previsto y acercó el arma a la pierna descubierta de Rogelio. Éste sintió el frío del arma y la puso en medio de sus dos piernas, en donde los brazos de Axayácatl no pudieran acercarse sin que se percatara Rogelio. Axayácatl por tanto dejó de gemir.

    Cuando me di cuenta de eso pensé que todo se empezaba a poner más difícil. Francisco por tanto estaba ya listo para penetrarme.

    - Ahora sí niño, vas a sentir lo que es que te la metan – dijo Francisco.

    Aproveché tales palabras para empezar a gritar desesperadamente, por lo que Francisco me tapó la boca y dijo:

    - Cállate pendejo, y sólo siéntela – me dijo al oído.

    - Yo quiero ver eso – de inmediato dijo Rogelio, quien nos volteó a ver.

    Por otro lado, Inés ya se encontraba en el camión, el cual iba a muy buena velocidad. Parecía que Inés llegaría antes de tiempo al lugar acordado, pero el destino de los humanos no puede darse de manera fácil, ni todo salir conforme a los planes que formula uno, pues de un momento a otro el transporte comenzó a bajar la velocidad, hasta que se vio inmerso en una enorme fila de automóviles que también estaban atrapados en medio del tráfico.

    - <<¡No puede ser! - enojada pensó Inés-, ¡No por favor, no me hagas esto! -Inés entonces por su desesperación se levantó del asiento y se asomó por la ventana para ver qué era lo que pasaba, al hacerlo, vio que el tráfico estaba completamente pasmado y que seguía todavía adelante.- Esto no puede ser, no puedo perder el tiempo aquí, todavía me falta llegar al lugar en donde se bajaron mi hermano y Clemente y buscar la casa de Francisco; pero no puedo bajarme del camión porque entonces tendría que caminar mucho para llegar a la próxima estación del Metro, ¿ahora qué hago?>>.

    Inés estaba muy desesperada por lo que le pasaba en ese momento, pero por otra parte, en la escena entre Axayácatl, Rogelio, Francisco y yo, todo comenzaba a favorecernos, pues debido a que Rogelio nos volteó a ver a Francisco y a mí para ver cómo éste quería penetrarme, Axayácatl aprovechó tal momento para que, en un movimiento rápido y sin titubeo, pudiera agarrar el arma de Rogelio, lo cual lo logró.

    - ¡Francisco, detente ahora mismo y aléjate de Clemente!- gritó Axayácatl quien ya tenía el arma de Rogelio entre manos y con ella apuntaba a Francisco.

    Francisco al escuchar esto, volteó a ver a Axayácatl y se sorprendió al ver que él tenía el arma de Rogelio. Cuando Francisco se distrajo, yo me volteé rápidamente para quitarle su pistola, misma que había atorado entre su calzón y su cuerpo. Así, Axayácatl apuntaba a Francisco mientras yo apuntaba a Rogelio…

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