domingo, 18 de agosto de 2013

Capítulos XXXV-XXXVI

Capítulo XXXV

Cuando Axayácatl terminó de pensar estas ideas tan propias de un día y de un caso como el que iba a suceder en ese lunes, él bajó y allí se encontró con su familia.

    Xochimitl se encontraba con lágrimas en los ojos y se veía demasiado preocupada.

    - Hijo mío, llegó el momento, el día que todos esperábamos. Tengamos fe en que todo saldrá bien – Xochimitl entonces, como si de pronto hubiese visto al mismo Francisco ahí enfrente, calló de inmediato y segundos después volvió a hablar, esta vez con un tono sombrío -. Axayácatl, si ésta es la última vez que te veo, nunca olvides que te amo, que siempre te amé y que tu padre y yo hicimos lo que pudimos para sacarte adelante junto con tu hermana, su felicidad era todo lo que queríamos en esta vida. Lamento mucho no haberte dado una vida digna, ni a ti ni a tu hermana.- la madre empezó a llorar y entonces abrazó a su hijo como si fuera la última vez que lo hiciera. Xochimitl no paraba de llorar. Ella entonces soltó a su hijo, pero antes de alejarse de él por completo, aún entre brazos, lo santiguó y le dio un beso en la mejilla, un beso que significaba una dolorosa y posiblemente eterna despedida.

    - Mamá - habló Axayácatl -, sabes que también traté de ser un buen hijo y de nunca fallarles. Como dijiste, tengamos fe en que todo saldrá bien, yo quiero creer en que no será la última vez en que nos veamos, que todavía nos falta mucho por vivir, porque vendrán mejores momentos. – Axayácatl, en un pequeño aire de esperanza, le comentó a su mamá para también inspirarle un poco de confianza.

    Inés de pronto se acercó a él y lo tomó de las manos.

    - Hermano, esto no es una despedida, yo también estoy segura de que nos volveremos a ver, no olvides que todos trabajaremos juntos para que salga bien lo planeado. Piensa siempre en nosotros así como nosotros pensamos en ti. – Inés abrazó a su hermano y posteriormente se alejó para que así su padre se acercara.

    Cuando Juan llegó enfrente de Axayácatl, ambos se quedaron mirando con esa mirada masculina, esa mirada de padre a hijo que expresa la necesidad, de ambas partes, de hablar y escuchar palabras de sinceridad el uno del otro. Entonces empezó Juan.

    - Axayácatl, yo sé que no he sido un excelente padre para ustedes dos, que no he estado ahí junto a ustedes cuando más lo han necesitado, y que no les doy una vida placentera y alejada de conflictos, por eso me debo de disculpar antes de que sea demasiado tarde. Debo confesar que estoy muy nervioso por lo que pasará hoy, pero todos tenemos una pequeña esperanza en el plan, y esa pequeña esperanza vale mucho. Por favor agradécele todo a Clemente, y dile que también lo vamos a esperar aquí, a los dos los vamos a ver en un rato más. – finalmente el padre abrazó de una forma muy afectiva a su hijo, como nunca antes se habían abrazado. Un abrazo cariñoso, uno en donde se transmite el espíritu masculino que da fuerza a cualquier hijo.

    Cuando ambos se separaron, Axayácatl no pudo evitar soltar unas lágrimas y entonces volteó a ver a todos.

    - Gracias por estar aquí conmigo en este momento, gracias por sus palabras y por sus ánimos. Nunca olvidaré este día, y si es el último en que estamos juntos… - él entonces suspiró -, deben saber que pese a todo lo que vivimos, yo siempre estuve contento de formar parte de esta familia.

    Xochimitl lloraba continuamente, Inés reflejaba en su rostro preocupación al mismo tiempo que esperanza en todo, Juan no tenía fuerzas para voltear a ver a los ojos a su hijo. Axayácatl entonces tomó su mochila, se la colgó, abrió la puerta, caminó hacia afuera, volteó con un movimiento lento y doloroso para ver a su familia, ellos de igual forma lo miraron.

    - Cada quien sabe lo que hay qué hacer. Nos veremos en un rato más – expresó él y finalmente cerró la puerta para así dirigirse a la escuela, a su destino, a su encuentro con el verdadero mundo.   

    Mientras esto pasaba entre aquella familia, yo también ya estaba a punto de salir de casa para dirigirme a la escuela. Mi mamá me notó un tanto extraño.

    - ¿Te sucede algo Clemente? – me preguntó muy preocupada.

    - No… Yo, sólo recordaba la tarea – le comenté nervioso.

    - ¿Seguro?

    - Sí mamá; no te preocupes, todo va a estar bien – de forma extraña le comenté.

    Mi mamá tan sólo hizo un gesto con el cual expresaba su confianza en mi último comentario, aunque no creyere del todo el que yo no tuviera nada.

    Posteriormente me salí de la casa, no sin antes despedirme de ella y de reiterarle que todo saldría bien, aunque ella no supiera de qué se trataba. Ya en el camino sentí una gran melancolía por no decirle nada a mi madre sobre lo que hoy pasaría, sin embargo, sabía que, en el dado caso de que todo saliera conforme a lo planeado, ella se tendría que enterar de una u otra forma. Mi consuelo era que la había dejado tranquila en ese momento.

    Sin embargo, conforme más avanzaba en el camino rumbo a la escuela, mis nervios incrementaban, el miedo invadió mi ser. Se me hacía increíble el que yo en verdad estuviera en tal vez mi último día vivo. Entonces pensé:

    - <<A veces no creo que me haya ofrecido para esto, ni si quiera que haya formulado un plan en contra esos dos tipos que ni conozco, creo que más que plan, fue otra invención de mi mente que quería ayudar de cualquier forma a Axayácatl. Ahora no sé si vaya a ser efectivo todo lo que planeamos, sólo seremos nosotros dos contra dos tipos grandes que han vivido en el crimen toda su vida, y que por tanto saben más que nosotros… - de pronto miré al cielo todavía nocturno, y como si hubiese visto alguna señal de esperanza ahí, continué-. No, pero éste no es el mejor momento para dudar, tengo que estar lo más tranquilo que se pueda, aun cuando sepa que mi vida depende de este momento y que se puede acabar este día. Confío en lo que podamos lograr la familia de Axayácatl y yo. Porque después de todo ellos conocen a Francisco y a Rogelio.>>

    Ambos nos dirigíamos hacia la escuela, Axayácatl y yo teníamos una sensación de que la muerte estaba próxima y que nos abrazaba fuertemente, que danzaba a nuestro lado y que se reía de nosotros por la posibilidad de envolvernos en su manto para llevarnos para la eternidad. Ni Axayácatl ni yo jamás habíamos sentido algo como esto; así como el amor nos era tan desconocido para los dos, así también la muerte, la sensación de poder vivir los últimos momentos, de ya no ver a tu familia, de ya no ver a tus amigos, de ya no caminar por aquellos lugares comunes para uno; todo era algo nuevo que apretaba con todas sus fuerzas nuestro sentimientos y exprimía su sangre en un vaso en donde cada gota nueva en él representaba el tiempo que nos quedaba vivos.

    Momentos después llegué a la escuela, y cual si fuere un acto del destino que quería mantenernos unidos en todo el momento, Axayácatl también llegó casi al mismo tiempo que yo. Ambos en la formación hablamos.

    - Hola Clemente – Axayácatl me saludó con un tono muy melancólico y con la mirada puesta en el piso.

    - Hola Axayácatl… - al notar tal preocupación suya, traté de quitarme un poco todas las preocupaciones de mis problemas, inclusive la preocupación sobre el caso de Jérémy. -. Sé que estás muy nervioso, y mentiría si te digo que yo no, pero debes recordar que hay que controlarnos un poco, porque cuando estemos frente a Francisco no podemos fallar en nada. Yo sé que es difícil, pero piensa en tu libertad Axa, en la libertad de tu familia, y en que llegó el momento de hacer justicia, una justicia que no existiría si no fuera por nosotros.

    Al escucharme, Axayácatl levantó su mirada y me observó de una forma diferente, con una mirada un poco más calmada.

    - Clemente, quiero que sepas que mi familia y yo te agradecemos por todo. Particularmente yo, que desde que te conocí me inspiraste confianza y me ayudaste en todo momento. En las anteriores escuelas en donde estuve nunca le dije a nadie sobre mi problema, pero cuando te vi a ti, y como Francisco cada vez me presionaba más, fuiste la persona a la que decidí, primero, obligar a estar con ellos dos, y después, con la que podía hablar con confianza sobre esto. Ahora me doy cuenta que encontrarte ha sido de lo mejor que me ha pasado.

    Las palabras de Axayácatl, tan dulces al mismo tiempo que con tanto miedo, en verdad creaban en mí un sentimiento de amistad tan fuerte, tan único que nunca antes experimenté con hombre alguno, realmente él era el primer hombre con el que forjaba una relación de amistad más fuerte de lo normal, tal como para llevar a cabo esta clase de riesgos.

    - Por otra parte, debo decirte que ya todo está arreglado, ya mi familia sabe lo que debemos hacer cada uno. Tú y yo iremos al departamento de Francisco a la salida. – con otro tono de voz, me dijo él.

    - Gracias por tus palabras Axayácatl, yo realmente esto feliz de ser tu amigo. Con respecto al plan, sé que cuando lleguemos al departamento de Francisco yo fingiré que no sabía a dónde me llevabas. – aseguré yo.

    - En lo que estamos allá y preparamos todo, mi hermana se dirigirá hacia donde estemos, y mis padres nos esperarán en el lugar que nos dijiste.

    - Recuerda llevar todo con calma.

    - Así lo haré.

    Mientras platicábamos el tiempo pasó rápido y entonces la maestra llegó a la formación, después de hacer los honores a la bandera comenzamos a avanzar. Por más que Axayácatl y yo intentamos contener los nervios, no se pudo, pues Jérémy se dio cuenta de ellos, él sospechó todavía más debido a la actitud que había decidido tener con él.

    Al terminar la primera clase, me encontraba sentado en mi silla, escribía algunas cosas, cosas como pensamientos respecto a aquel día tan difícil para mí, desde hacía ya mucho tiempo que no escribía nada. En ese momento Jérémy se acercó a mí.

    - Hola Clemente – me saludó él un tanto nervioso.

    - Hola Jérémy – le contesté sin acaso verlo.

    - ¿Qué haces? – preguntó extrañado por mi actitud.

    - Escribo.

    Jérémy, ante mis respuestas cortantes, entendió más que sí había algo en mí que me había hecho tener tal distancia con él.

    - Clemente, en estos días te he notado bastante raro, ¿acaso te sucede algo? -preguntó él interesado.

    - No, nada, es estrés – mucho más serio respondí.

    - ¿Seguro que es estrés?, yo presiento que es algo mucho más fuerte que estrés. – él me preguntó puesta la mirada fija en mí.

    Entonces me levanté de mi lugar y le respondí mirándolo también fijamente.

    - Sólo hay algo más fuerte que el estrés, y son los celos, pero te aseguro que no es eso, así que cree en lo que te digo – molesto le contesté y posteriormente me salí del salón para ir al laboratorio de química, pues era ahí en donde en seguida nos tocaba clase.

    Jérémy ante mis repentinas palabras se quedó pensativo y entonces Lizeth, al notar lo que había pasado entre nosotros dos, se acercó a Jérémy.

    - Hola Lizeth – Jérémy triste saludó a Lizeth.

    - Hola Jérémy; perdona que lo pregunte, pero ¿acaso sucedió algo con Clemente? – ella preguntó extrañada.

    - ¿Notaste lo que pasó hace rato?- Jérémy preguntó apenado.

    - Sí, lo vi todo – confesó ella.

    - Él ha estado muy extraño conmigo, yo no sé por qué, apenas me quiere responder a todo lo que le pregunto.

    - Creo que también he notado eso, y no eres el único, al menos a mí tampoco me habla mucho; incluso Axayácatl también está en esa actitud. Ellos dos están muy extraños.  

    - ¿Crees que tengan algún problema? – preguntó conmocionado Jérémy debido al comentario de Lizeth.

    Lizeth entonces recordó el día en que había encontrado a Isabel con Axayácatl, ella estuvo a punto de decirle a Jérémy sobre eso, pero entonces el prefecto fue a avisarle al resto del grupo que ya podían irse al laboratorio de química.

    Ella decidió mejor guardar silencio para decírmelo tan sólo a mí, a lo que sólo le respondió a Jérémy que no sabía nada. Lizeth fue por sus cosas y posteriormente se fue, Jérémy también fue por sus cosas, pero cuando volvió a pasar por mi lugar, vio que en el cuaderno que yo había dejado abierto en mi banca había algo escrito. Él disimuladamente se acercó para leer lo que decía, y lo que decía era:

“Todo en esta vida se va, incluso la vida misma”

    Jérémy quedó muy pensativo después de que leyó esto, y entonces sus sospechas de que Axayácatl y yo teníamos un problema se volvieron más fuertes.

    El día tan difícil seguía su curso, después del laboratorio de química nos tocaba estar en los talleres, así que cada uno se fue a su respectivo taller. En Artes Plásticas, como las mesas eran compartidas, y Jérémy se sentaba con Mario, ellos dos hablaron.

     - Mario ¿puedo contarte algo? - desconcertado le preguntó Jérémy.

     - Adelante Jérémy, lo que quieras - respondió Mario.

     - He notado a Clemente muy raro conmigo. Hoy por ejemplo, tanto él como Axayácatl han estado con actitud muy extraña.- confesó muy triste Jérémy.

     Mario se quedó callado un momento, como pensativo ante tales palabras de su compañero. Jérémy, al notar al silencio de Mario, preguntó:

     - ¿Crees que esté molesto conmigo?

     - Yo no conozco a Clemente, jamás he tratado con él, así que no podría decirte qué es lo que tiene; pero creo que lo mejor que podrías hacer ahora es hablar seriamente con él, solos, para que él tenga confianza de decirte lo que pasa, sin que haya alguien a lado, ni siquiera Axayácatl.- Mario opinó.

     - ¿Hablar con él a solas?, pero ¿cómo y en dónde?, si Clemente huye en cuanto yo me acerco.

    - Podrías seguirlo a la salida hasta donde él va, así no sólo le darás una sorpresa, sino que también estarán alejados de la escuela - Mario sugirió.

    Jérémy se quedó callado y miraba al suelo, pensaba una y otra vez sobre el problema conmigo y la frase que había visto en mi cuaderno.

    - ¿Crees que sea correcto seguirle? – preguntó él preocupado.

    - Jérémy, si en verdad te gusta, no dejes que todo se vaya así como así, porque tú sabes que el tiempo de la vida se va muy rápido, y después te arrepentirás de no haberlo hecho. – muy seguro afirmó Mario.

    Las palabras de Mario hicieron a Jérémy recordar, otra vez, lo que yo había escrito en mi cuaderno, y recordó aquellos momentos dulces y tiernos que había tenido anteriormente conmigo.

    - Tienes razón Mario, no permitiré que todo se me vaya de las manos, que la vida se me vaya. Hoy seguiré a Clemente hasta el lugar en donde toma el camión – afirmó con severidad Jérémy…

Capítulo XXXVI

Finalmente llegó la hora de la salida, y el lector se ha percatado de la situación que se tornaba alrededor de cada uno de los personajes de esta historia. Mientras Axayácatl y yo nos juntamos de la manera más discreta para dirigirnos a nuestro destino con Francisco y Rogelio; por otro lado, Jérémy, que ya había tomado la decisión de seguirme hasta la parada del camión, nos vigiló cautelosamente y tan sólo esperaba el momento en el que yo me separara de Axayácatl.

    Sin embargo esto no sucedía así, y Jérémy empezó a percatar una actitud extraña en Axayácatl y yo. Lo que vino a detonar más las sospechas de Jérémy fue la llamada que recibió Axayácatl y misma en la que él se vio misterioso al hablar con voz baja y sin que nadie se percatara.

    - Mamá, Clemente y yo ya salimos de la escuela y pronto nos dirigiremos con Francisco y Rogelio; por favor, recuerden lo que acordamos - indicó Axayácatl.

    - Muy bien hijo, en unos momentos más tu hermana también ya saldrá de la casa, tu papá y yo nos esperaremos un tanto más como acordamos, por si cualquier cosa pasa. – respondió Xochimitl.

    - Perfecto, entonces en un momento más nos vemos.

    - Con mucho cuidado hijo, cuídense ambos, si ven que las cosas se ponen arriesgadas mejor cancelen el plan.

    - De acuerdo, así lo haremos.

    Axayácatl terminó la llamada, se quedó un momento pensativo y posteriormente me volteó a ver.

    - ¿Estás listo? – me preguntó muy nervioso.

    - Si tú lo estás yo también lo estaré – respondí muy serio.

    - Mi mamá me dijo que en unos minutos más Inés partirá, mientras que ellos esperarán un poco más para dirigirse al Ministerio Público. – dijo él con una sonrisa nerviosa.

    - Entonces vamos a dirigirnos de una vez, todo depende de nosotros.

    Por su parte, Jérémy, que no dejaba de vernos a lo lejos, comenzó a sospechar todavía más, pues al ver el rostro preocupado de Axayácatl entendió que nada entre nosotros estaba del todo bien.

    - ¿Pero qué se traen esos dos?- dijo extrañado Jérémy.

    En ese preciso momento, volvió a sonar el celular de Axayácatl. Él, al revisar de quién se trataba, notó que era Francisco. Entonces Axayácatl comenzó a temblar de sobremanera y me volteó a ver demasiado angustiado.

    - Tranquilo, contesta y finge lo que ya habíamos acordado – le sugerí. Él así lo hizo.

    - Axayácatl, soy yo Francisco, ya sabes en dónde y a qué hora encontrarnos cabrón, no nos vayas a fallar; ¿por dónde vienes? – expresó Francisco con cierta molestia.

    - Francisco, ya me dirijo hacia allá, ten por seguro que llegaré en poco tiempo. No puedo darte más detalles porque Clemente se encuentra un poco cerca de mí, así que tendré que colgarte. – dijo Axayácatl para cortar rápido con la llamada de Francisco.

    - Como sea, pero no quiero que me vengas con sorpresitas después, acuérdate que yo confiaré en ti. – Francisco colgó el teléfono.

    - Parece que vamos bien, él todavía duda de todo esto, pero ya sabemos cómo engañarlos. Llegó el momento de ahora sí irnos – me indicó Axayácatl, quien no dejaba de estar nervioso.

    - No pienses en otra cosa más que en el plan. Vamos entonces. – por último dije, y entonces ambos comenzamos a caminar lentamente hacia el lado del estacionamiento de la escuela, es decir, un lado al que Axayácatl y yo no íbamos normalmente a la salida.

    Aquello significó la total afirmación de un problema para Jérémy, él sabía muy bien el camino de ambos y por tanto entendió que algo tramábamos Axayácatl y yo, pues, a juzgar por nuestras facciones, entendía que no era un problema del todo ligero.

    - Lo sabía, éstos dos se traen algo - dijo Jérémy mientras no nos quitaba la mirada de encima -, creo que no me queda otra opción más que seguirlos, le hablaré a mi mamá para avisarle que llegaré un poco tarde.

    Jérémy marcó al teléfono de su madre y finalmente Renata contestó la llamada.

    - Jérémy, he visto que eras tú, ¿qué sucede hijo? – preguntó Renata.

    - Madre, debo avisarte que hoy llegaré un poco tarde a la casa, tengo que reunirme con unos compañeros de la escuela para hacer un trabajo. Por favor dile a Isabel que no podré irme con ella, a mí ya no me da tiempo de avisarle porque mi teléfono está a punto de descargarse – y era tan cierto de que el teléfono de Jérémy se descargaría pronto.

    - Bien hijo, pero por favor no llegues tan tarde, más si no podré comunicarme contigo. Yo en seguida le hablo a tu hermana para decirle que no te regresarás con ella hoy; de cualquier forma yo en unos minutos ya saldré del trabajo e iré para la casa.

    - Muchas gracias madre, no te preocupes por mí, en un momento más nos veremos – Jérémy le dijo cariñosamente a su mamá, sin saber a lo que se arriesgaría al seguirnos a Axayácatl y a mí. Entonces él colgó el teléfono -. Muy bien, ha llegado el momento de seguirles a esos dos, veremos qué es lo que traman y a dónde se dirigen.

    Axayácatl y yo cruzamos la calle José Loreto Fabela, misma en donde está el estacionamiento trasero de la secundaria, entonces del otro lado esperamos y finalmente tomamos un microbús que nos dejaría en la Avenida 541, justo en un pequeño parque que se encuentra ahí. Allí nos bajaríamos para dirigirnos a la casa de Francisco y Rogelio.

    Jérémy, que nos siguió cuidadosamente, notó perfectamente en qué microbús nos habíamos subido, y entonces él le hizo la parada a un taxi para que siguiera al transporte en donde íbamos Axayácatl y yo.

    Mientras que esto sucedía entre nosotros tres, Francisco y Rogelio ya esperaban en su departamento.

    - ¿Todo listo compadre? - preguntó Rogelio emocionado.

    - Sí, parece que todo está listo. - Francisco entonces se quedó pensativo y posteriormente reaccionó. – Aunque no debes olvidar que debemos estar muy alerta de todo, estoy seguro que esos malditos traman algo; de cualquier forma ya tengo a un hombre allá afuera vestido de civil al cual ya le di indicaciones de cómo es Axayácatl y Clemente para que los deje pasar; también le dije cómo son Xochimitl, Juan e Inés para que, por si ve a alguno, de inmediato nos avise para matar a Axayácatl y a Clemente y así poder huir nosotros dos.

    - Perfecto compadre, con eso seguro que podremos disfrutar de esos dos por completo. – muy confiado expresó Rogelio.

    - ¡No seas idiota Rogelio, pon atención a lo que te digo!, ¡No debes de confiarte en ningún momento, con esto también nos estamos arriesgando nosotros!; recuerda de tener la pistola siempre contigo por si pasa algo inesperado. – molesto por la poca atención de su compañero, Francisco le comentó.

    - No te preocupes, voy a ser muy cuidadoso y haré todo lo que tú me digas.

    Por otra parte Inés ya iba de salida de su casa para dirigirse al mismo lugar que nosotros. Pero antes de irse por completo, Xochimitl y Juan la detuvieron en la puerta.

    - Hija, vete con mucho cuidado, si ves algo fuera de lo normal no dudes en avisarnos. – le sugirió Xochimitl, quien se encontraba todavía muy preocupada.

    - Muy bien mamá; ustedes también, si pasa algo peligroso no duden en llamarme. Yo les avisaré cuando ya esté con Axayácatl. – expresó Inés, quien dio un suspiro antes de hablar.

    - Inés, cuando te encuentres con tu hermano, no dudes en abrazarlo por nosotros dos. – expresó Juan.

    Inés, ante las palabras de su padre, sonrió con ternura y entonces se acercó a abrazar a los dos.

    - Estoy segura de que hoy nos volveremos a ver todos. – ella dijo, y finalmente se fue.

    Mientras se alejaba, Xochimitl y Juan veían a su hija irse poco a poco hasta que por fin desapareció de su vista. Ambos se quedaron muy serios y posteriormente, con tono lúgubre, hablaron.

    - Todo dependerá de hoy, yo hubiese deseado que ellos no se vieran involucrados en nada de esto, y que hubieran tenido otra vida. – con grandes lágrimas en los ojos expresó Xochimitl.

    - Sé lo que sientes mujer, y no sabes todo el dolor que también hay en mí por vernos en dicha situación, pero ahora no podemos estar con estos ánimos; ve a los niños, ellos están poniendo todo de su parte para que las cosas salgan bien: sus ánimos, su valor, su coraje por una solución deben ser cosas que nos motiven a también actuar como ellos y seguir con el plan. – nostálgico comentó el padre.

    - Tienes razón, no podemos retroceder ni estar melancólicos. En unos momentos más también será nuestro momento de salir – dijo Xochimitl y entró a la casa.

    Juan se quedó un momento afuera, seguía viendo la dirección en la que Inés se había ido, entonces él suspiró profusamente y volteó a ver al cielo, como para buscar algo. Al estar un rato con su mirada puesta arriba, volvió a suspirar y con tono muy triste dijo:

    - Ahora más creo que tú estás allá arriba, y que nos observas en este momento frente a este problema que nos puede costar la vida a todos. Por favor cuida de mis hijos, de mi esposa, de Clemente; no permitas que Francisco y Rogelio se salgan con la suya, haz justicia también en este mundo. – Juan, al terminar de decir esto, entró a la casa.

    Por otro lado, Axayácatl y yo habíamos llegado por fin a la Avenida 541. Mientras cruzábamos el pequeño parque que había, él y yo hablábamos.

    - Finalmente llegamos amigo, es el momento. – expresé un tanto nervioso.

    - Parece que por fin conocerás a Francisco y a Rogelio, lamento que tengas que hacerlo – también nervioso, y apenado, me dijo Axayácatl.

    - No Axayácatl, no es momento para pedirme disculpas ni nada, tú bien sabes que todo esto lo hago por ti. Por ahora concéntrate en el plan, y recuerda que tú tratarás de estar con Rogelio, y te aprovecharás de su estupidez; yo mientras estaré con Francisco. Es seguro que así se den las cosas, puesto que Francisco, como jefe, querrá estar conmigo por ser una nueva víctima; de todos modos, de suceder lo contrario, tendremos que aguantar lo que nos hagan hasta que podamos cambiar de persona, ¿entendido?

    - Entendido, de cualquier forma ya sé lo que debo de hacer si estoy con Rogelio. – Axayácatl afirmó con un poco más de confianza.

    Mientras que Axayácatl y yo afinábamos los últimos aspectos del plan, Jérémy, por su parte, ya había llegado al mismo lugar de nosotros, desde el taxi nos vio caminar, por lo que se bajó rápidamente. Pagó el costo del transporte y sigilosamente nos siguió.

    - ¿Pero qué coño sucede aquí?, ¿en dónde estamos y por qué se han venido hasta acá esos dos? – expresó él, quien no nos perdía la pista.

    Así los tres íbamos hacia el departamento de Francisco, Jérémy, evidentemente, sin saber el peligro al que se exponía, seguía nuestros pasos; entre tanto, Axayácatl y yo seguíamos repasando el plan.

    Poco tiempo después llegamos al lugar. Éste era un edificio que se encontraba un tanto escondido en una calle que parecía desértica en todos los sentidos, pues pocas personas pasaban por allí en ese momento. El edificio parecía ciertamente un hotel, era un tanto alto y de color naranja, tenía un aspecto deteriorado. Las ventanas era un poco pequeñas, pero era muy particular que tal lugar tuviera por fuera escaleras que recordaban en gran medida a los edificios que están en Estados Unidos y que tienen dicha estructura. Por afuera había unos pequeños arbustos que le daban un toque un poco más digno al edificio que parecía abandonado.


    Axayácatl y yo quedamos sorprendidos debido a la fachada del sitio, entonces él y yo lo volvimos a observar detenidamente, como para ver el lugar en donde, o bien podríamos vivir, o bien podríamos morir. Entonces, al revisar una vez más el edificio, vimos que enfrente de la pequeña puerta blanca había una persona sumamente extraña, quien parecía que esperaba nuestra llegada…
Free counters!

No hay comentarios:

Publicar un comentario